Si algo nos ha enseñado esta pandemia, es el daño que puede causar el aislamiento social.

Hoy en día hay mucha gente que vive sola. Sin embargo, salen a trabajar, quedan con sus amigos, hacen viajes… Pero, ¿qué ha pasado cuando estas personas se han encontrado todo el día aisladas en casa sin poder socializar? Se han dado cuenta de que vivir solas cobra otra dimensión.

Pues en España, un país notablemente envejecido, hay muchísimas personas mayores para las que ese es su día a día. Nadie con quien hablar, ningún sitio a donde ir, exceptuando algunas visitas puntuales de familiares o, con suerte, una persona que las ayuda.

Datos en Catalunya:

Actualmente 
17% de la población > 65 años
2050
30% de la población > 65 años

4 millones de personas > 80 años

 

Actualmente en Rubí
10,9% de la población de Rubí > 70 años
El 20% vive sola

El 60% vive acompañada > 65 años

 

El contacto social es fundamental para la salud.

Necesitamos relacionarnos con otros individuos, establecer vínculos y sentirnos acompañados. Y más aún las personas mayores, que en muchos casos precisan ayuda para actividades diarias como la alimentación o el aseo.

 

¿Cuáles son los riesgos del aislamiento social?

 

Las personas que carecen de relaciones sociales tienen tendencia a sufrir un mayor deterioro tanto cognitivo como en su salud.

La soledad se asocia a tasas superiores de depresión, ansiedad e incluso muertes prematuras. Otra consecuencia podría ser una mala nutrición, ya que, al carecer de compañía, no se presta tanta atención a la alimentación y no hay alicientes para cocinar.

Asimismo, aumenta el riesgo de sufrir demencia, enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares.

Por otro lado, si tenemos en cuenta que la condición física se ve limitada por el paso de los años, existe el problema de las caídas. Si le ocurre a una persona mayor que vive sola, las consecuencias pueden ser nefastas.

 

El estigma de las residencias de ancianos

 

Todavía existe hoy en día un cierto estigma social sobre las residencias para la tercera edad, que hace que se las vea como un sitio donde la familia “aparca” a los abuelos porque les resultan una carga.

Esta visión, aunque afortunadamente ha ido cambiando en los últimos años, provoca sentimientos negativos tanto en la persona que es ingresada, como en la familia. Unos porque pueden sentir que los abandonan, y otros, culpabilidad por no ser ellos los que se encarguen de su pariente.

Pero lo cierto es que esta decisión es la más acertada.

 

Las ventajas de vivir en una residencia

 

Cuando una persona se hace mayor, puede empezar a necesitar ayuda para tareas que con anterioridad realizaba sola sin ningún problema, como ir a la compra, cocinar, bañarse, etc. Y puede que sus familiares no estén disponibles todo el tiempo para atenderla.

Una residencia, no solo cubre las necesidades básicas de esa persona, sino que además está rodeada por todo un conjunto de profesionales que harán su vida mucho más cómoda, segura y amena.

 

  • Atención médica continuada: la seguridad y la tranquilidad de saber que su salud está controlada en todo momento. El personal facultativo atiende las patologías y establece pautas para sus cuidados, así como el control de su medicación.

 

  • Espacios adaptados: en caso de dificultades en la movilidad, se dispone de sitio suficiente para circular con la silla de ruedas. Rampas y ascensores permiten desplazarse y otorgan más libertad al usuario. Sin barreras arquitectónicas se gana en autonomía, lo que repercute de forma positiva en el estado de ánimo.

 

  • Menús adecuados a las necesidades de cada persona: desayunos comidas y cenas, preparados teniendo en cuenta valores nutricionales y posibles alergias alimenticias. También se establecen unos horarios fijos, creando rutinas que benefician a los usuarios.

 

  • Personal cualificado: cualquiera sin la preparación necesaria tiene riesgo de sufrir una lesión intentando mover o cargar a una persona mayor. En una residencia, estas tareas las realizan trabajadores con la formación necesaria.

 

  • Envejecimiento activo y saludable: actividades para mantener las capacidades físicas y mentales, mejorando la autonomía.

 

  • Programa de actividades lúdicas: bingo, cine, fiestas populares… Estar en una residencia no excluye la diversión.

 

  • Higiene personal: se procura que la persona esté aseada y lleve ropa limpia.

 

  • Socialización y compañía: como hemos visto, las relaciones sociales son un punto importante en el hecho de vivir en una residencia. Poder estar rodeados de amigos y gente con la que hablar y convivir es una ventaja significativa respecto a vivir solo en un domicilio particular. Esto no significa que no se pueda tener un espacio de privacidad, puesto que se respeta la intimidad de los residentes.

 

  • Visitas de familiares y amigos: en estos momentos, debido a la pandemia, existen restricciones en este aspecto. Pero en circunstancias normales los usuarios pueden recibir visitas como si estuvieran en su domicilio, o salir cuando lo deseen.

 

Hay que tener también en cuenta que el ingreso en una residencia puede ser temporal. Se trata de una opción que está a disposición de las familias siempre que lo necesiten, durante el tiempo que quieran.

 

Busca un centro de confianza

Ante una decisión tan importante como esta, lo mejor es buscar una residencia que goce de nuestra confianza y nos aporte seguridad y tranquilidad.

En el Cel de Rubí, seguimos el modelo de atención centrada en la persona.

Nuestro objetivo es que los residentes se sientan como en su propio hogar, creando un ambiente cercano y familiar, a la vez que se cubren todas sus necesidades, ofreciendo cuidados a todos los niveles: físico, funcional, cognitivo, emocional y de ocio.

Fomentamos un envejecimiento activo y apostamos por la innovación, aprovechando las últimas tecnologías para mejorar día a día nuestra atención y servicios.

Fundada en 1991 en Rubí, en la actualidad la dirección está a cargo de las hijas de una de sus fundadoras, garantizando ese trato familiar.

Además de contar con una gran reputación entre los habitantes de la ciudad, la ubicación es excelente, al tener fácil acceso en transporte público y privado, y disponer de un espacio natural adyacente como es el parque de Ca n’Oriol.