Aprender no es algo que tenga una edad determinada. Las ganas de hacer preguntas, descubrir cosas nuevas, conocer otras culturas o entender mejor aquello que nos rodea pueden acompañarnos durante toda la vida.

Con esta idea nace un nuevo espacio de aprendizaje y participación en El Cel de Rubí, impulsado por nuestro educador social y construido a partir de los intereses, las preguntas y las propuestas de nuestros residentes. 

Un espacio en el que cada sesión puede ser diferente y donde ellos ayudan a decidir qué quieren aprender.

Escuchando a los residentes

La iniciativa surgió durante las primeras conversaciones del educador social con nuestros mayores. 

Algunos compartieron experiencias relacionadas con su infancia y juventud y explicaron que, debido a las circunstancias que vivieron durante la guerra, no pudieron acudir a la escuela o continuar sus estudios como les hubiera gustado.

Esas charlas también nos permitieron descubrir algo muy presente entre ellos: las ganas de seguir aprendiendo.

A partir de ahí comenzó a tomar forma este espacio, entendido no como unas clases convencionales ni como un programa cerrado, sino como un punto de encuentro en el que aprender, conversar y compartir conocimientos.

La propuesta parte de una premisa muy sencilla: los contenidos no los decide únicamente el profesional, sino que se construyen con los residentes y a partir de aquello que despierta su curiosidad.

Por eso, una pregunta, un recuerdo o algo que alguien ha escuchado y quiere comprender mejor puede convertirse en el punto de partida de una nueva sesión.

De la mitología a la literatura: aprender a partir de la curiosidad

A lo largo de estas sesiones, nuestros mayores han podido acercarse a temas muy diferentes.

Han conocido aspectos de la cultura y la mitología romana, egipcia y vikinga, descubriendo historias, personajes y costumbres de diferentes civilizaciones. También se han acercado a algunos clásicos de la literatura y el pensamiento, como El arte de amar o El arte de tener razón.

Y no todo tiene que ver con grandes acontecimientos históricos o con obras clásicas. 

También hay espacio para preguntas más cercanas como conocer de dónde vienen determinadas expresiones y dichos catalanes y españoles, qué significan o cómo han llegado hasta nuestros días.

Precisamente esa variedad es una de las características del proyecto.

No existe un único camino para aprender. Un día podemos hablar de una civilización antigua y al siguiente intentar descubrir el origen de una expresión que hemos utilizado durante toda nuestra vida.

Lo importante es que el tema despierte interés. De hecho, al finalizar muchas de las sesiones aparece una pregunta que se ha convertido casi en una costumbre: “¿Mañana qué aprendemos?”.

Esta frase resume muy bien el espíritu del proyecto. 

El aprendizaje no termina cuando acaba una sesión, sino que deja abierta la puerta a una nueva pregunta y a nuevas ganas de descubrir. De esta manera, el programa se va construyendo día a día. 

Aprender también es participar

Las propuestas de los residentes ayudan a nuestro educador social a preparar los siguientes contenidos. Además, estas sesiones no solo sirven para aprender, también fomentan la conversación, escuchar otras opiniones, recordar experiencias y compartir aquello que cada persona sabe.

Cada uno de nuestros mayores llega a estas sesiones con su propia historia y sus propios conocimientos.

Y muchas veces, aprenden a partir de la experiencia de sus compañeros y, además, les conocen mucho mejor. 

Este tipo de actividades representan nuestra manera de entender el acompañamiento en la residencia. Y es que en El Cel de Rubí queremos que nuestros mayores se involucren y participen en las actividades. 

No se trata únicamente de ocupar el tiempo, sino de generar espacios en los que los residentes puedan proponer, decidir, expresarse y sentirse protagonistas.

Las tradiciones también tienen su espacio

El aprendizaje y la participación también están presentes en las celebraciones y tradiciones que forman parte de nuestra cultura.

Durante la Diada, por ejemplo, nuestros mayores disfrutaron de una sesión con adivinanzas y canciones catalanas. La actividad terminó con una propuesta artística conjunta: un árbol de papel elaborado entre todos en el que cada residente dejó su propia huella.

Aprender jugando 

Además de estas sesiones de aprendizaje y conocimiento en común, por las tardes también llevamos a cabo actividades de entretenimiento más convencionales y que gustan mucho a nuestros residentes. 

Hablamos de juegos de bolos, encestar en el aro, bingo y otras propuestas que permiten trabajar capacidades como la atención, la memoria y la coordinación.

Se trata de actividades que contribuyen a mejorar su bienestar y salud mental pero también les sirve para disfrutar del tiempo compartido.

Los juegos crean momentos de conversación, risas y complicidad y nos permite realizar el trabajo de diferentes capacidades cognitivas y físicas de forma natural y agradable.

En definitiva, este nuevo proyecto combina diferentes formas de participación: desde una conversación sobre mitología o literatura hasta una partida de bingo o un juego de bolos. Actividades diferentes, pero con un mismo objetivo: mantener a las personas activas, conectadas con los demás y con ganas de participar.

Las ganas de aprender no tienen edad

Desde la perspectiva de la educación social, esta iniciativa recuerda a la Educación de Personas Adultas (EPA) y a una idea que continúa siendo válida en cualquier etapa de la vida: nunca dejamos de aprender.

A medida que pasan los años seguimos teniendo preguntas, intereses y curiosidad. Seguimos teniendo historias que contar y conocimientos que compartir. Y también seguimos descubriendo cosas que no conocíamos.

Por eso, crear espacios de aprendizaje en una residencia significa mantener viva la curiosidad, favorecer la participación y generar encuentros entre personas con experiencias y conocimientos diferentes.

Cada sesión puede comenzar con una pregunta sencilla y terminar abriendo la puerta a muchas más.

Y quizás esa sea una de las mejores señales de que el proyecto está funcionando. 

Porque cuando, al terminar una sesión, alguien pregunta: “¿Mañana qué aprendemos?”.  Queda claro que todavía hay muchas cosas por descubrir.

Y nosotros estaremos encantados de seguir descubriéndolas juntos.