La longevidad es una de las características de la población española. De hecho, nuestro país es uno de los referentes europeos en calidad de vida en la vejez. Sin embargo, aunque vivimos más años, no siempre lo hacemos acompañados. Cada vez hay más personas mayores que, a pesar de tener familia o recursos, pasan gran parte de su tiempo en soledad.
Cuando las personas disfrutan solas porque así lo han elegido, no hay ningún problema. Sin embargo, en la mayoría de casos viven una soledad no deseada y esto impacta en sus vidas.
Sin ir más lejos, un estudio reciente revela que afecta a la memoria. En la misma línea, otro estudio de la Fundación “la Caixa”, revela que el 64% de las personas mayores entrevistadas manifestaban sentir soledad no deseada.
Además, la edad avanzada es uno de los principales factores de riesgo.
Teniendo en cuenta la longevidad en España, la soledad no deseada es, sin duda, uno de los grandes retos que enfrentamos como sociedad. Para frenar esta situación, hoy queremos abordar en nuestro blog cómo prevenir la soledad en personas mayores.
Las consecuencias de la soledad en la tercera edad
La soledad no deseada no es un problema menor.
Como hemos mencionado, hay estudios que muestran su impacto en diferentes ámbitos de la vida. De hecho, afecta a nivel mental, emocional, físico…Vamos a verlo.
A nivel mental y cognitivo
La falta de estímulos y de interacción social puede acelerar el deterioro cognitivo, afectar a la memoria y aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.
A nivel emocional
La soledad prolongada en el tiempo también puede generar tristeza, ansiedad, desmotivación e incluso depresión. En ocasiones, al hacernos mayores, no tener trabajo y estar solos, sentimos que hemos perdido nuestro lugar en el mundo o que no formamos parte de nuestro entorno de forma más activa.
A nivel físico
Las personas mayores que se sienten solas suelen ser más sedentarias, cuidarse menos y a presentar un peor estado de salud general.
Sin alguien con quien salir a pasear, muchas veces reducen su actividad física diaria, lo que puede afectar a su movilidad y equilibrio.
Además, en una edad en la que se suceden los olvidos o la memoria puede fallar, también pueden descuidar hábitos como la alimentación o el seguimiento de tratamientos médicos.
En definitiva, en términos generales, no relacionarse con otras personas les hace sentirse solos y, además, hace que falten estímulos. Todo ello provoca la pérdida de rutinas, menos participación en actividades sociales y, todo, una sensación de vacío constante y diario.
Por todo ello, la soledad no deseada afecta a la persona en su conjunto, no solo a su estado de ánimo.
Por qué aparece la soledad en las personas mayores (y cómo podemos prevenirla)
Hay muchos motivos para explicar por qué una persona mayor puede sentirse sola. Los más habituales son:
- Vivir en solitario
- La pérdida de la pareja o de personas cercanas
- La jubilación y la pérdida de rutinas
- Problemas de salud o limitaciones físicas
- Una red social cada vez más reducida
- Dificultades económicas
Todos estos factores pueden hacer que, poco a poco, la persona pierda su actividad social y deje de participar en el entorno.
La buena noticia es que la soledad no deseada se puede prevenir actuando a tiempo y con un entorno adecuado.
Estas son algunas de las claves para prevenir la soledad:
- Mantener relaciones sociales activas
- Fomentar el contacto con otras personas
- Conocer y utilizar recursos sociales disponibles
- Contar con entornos estimulantes que favorezcan la interacción
Y en este contexto, existen soluciones reales para poner remedio a la soledad no deseada tales como centro de día o la residencia para personas mayores.
Centro de día y residencia: espacios para convivir, compartir y sentirse acompañado
Después de más de 25 años dedicados al cuidado de las personas, hemos visto en primera persona cómo tanto las residencias como los centros de día son espacios muy convenientes para prevenir y reducir la soledad en los mayores.
¿Por qué?
Porque ofrecen algo fundamental en la conocida como tercera edad: un entorno de convivencia y acompañamiento diario.
En nuestras residencias y centro de día, los mayores siempre tienen alguien con quien hablar, una actividad en la que participar o historias que compartir.
Son entornos con vida donde los residentes sienten que forman parte de una comunidad.
Un entorno que favorece las relaciones
En el día a día de un centro de día o una residencia:
- Promovemos rutinas compartidas a través de horarios y actividades
- Celebramos fechas importantes (cumpleaños, fiestas, tradiciones…)
- Surgen conversaciones e interacciones de forma natural
- Se crean nuevas amistades
Además, fomentamos la relación con las familias con eventos, celebraciones y actividades abiertas e impulsamos iniciativas intergeneracionales con escuelas o entidades de nuestro entorno: Rubí.
Todo ello contribuye a generar un sentimiento de pertenencia, clave para el bienestar emocional.
Acompañamiento profesional continuo
Otro aspecto fundamental tanto en el centro de día como en la residencia es la presencia de un equipo de profesionales que cuidan y acompañan.
Nuestro equipo se encarga de detectar posibles necesidades emocionales, prevenir situaciones de aislamiento y fomentar la participación. Además, se establecen relaciones humanas muy estrechas donde los profesionales se convierten en personas que apoyan el día a día de los mayores. En consecuenciaa, este acompañamiento es clave para intervenir a tiempo y evitar que la soledad se cronifique.
A la hora de poner freno a la soledad no deseada, no existe una única respuesta para todas las personas. Dependiendo de la situación, el centro de día o la residencia pueden ser la mejor opción:
- El centro de día permite mantener la vida en casa mientras se evita el aislamiento durante el día.
- La residencia ofrece un entorno de convivencia continuada, ideal cuando se necesita más apoyo o cuando la soledad es más intensa.
En cualquier caso, lo importante es adaptar la solución a la realidad de cada persona y actuar antes de que la soledad tenga un impacto mayor.
Prevenir la soledad es cuidar de verdad
Cuidar de una persona mayor no es solo atender sus necesidades físicas. Es también acompañarla, escucharla y ofrecerle un entorno donde pueda sentirse parte de algo.
Hemos visto cómo la soledad no deseada es uno de los grandes retos de nuestra sociedad, pero también es un problema que tiene solución.
Crear espacios de convivencia como los que hay en El Cel De Rubí, fomentar las relaciones y garantizar el acompañamiento diario es una de las mejores formas de mejorar la calidad de vida de las personas mayores.
Somos seres humanos y, por naturaleza, todos necesitamos lo mismo: sentirnos acompañados.
