En nuestro último post hablábamos de la normativa sobre núcleos o unidades de convivencia y de cómo el modelo residencial está evolucionando hacia espacios más pequeños, más personalizados y más parecidos a un hogar.
Hoy queremos explicar cómo vivimos los núcleos de convivencia en El Cel de Rubí.
Mucho más que una reorganización interna
Entender nuestra residencia como un hogar formado por núcleos de convivencia no ha sido simplemente reorganizar habitaciones o hacer una redistribución.
Ha sido una manera diferente de entender la convivencia en nuestro centro.
En El Cel de Rubí hemos creado pequeños “hogares” dentro del mismo edificio. Espacios más reducidos, más manejables, donde se favorecen relaciones cercanas entre los residentes y con el equipo, dinámicas más naturales y, en definitiva, una convivencia más equilibrada.
Pero lo más importante no es la estructura física, sino toda la reflexión que hay tras este proceso.
Separar una residencia en núcleos puede parecer, a priori, un reto organizativo importante. Y lo es. Implica planificar con detalle, observar dinámicas, analizar afinidades y, sobre todo, conocer muy bien a cada residente.
También nos hemos cuestionado formas de hacer que estaban muy interiorizadas. Y el resultado de todo ello ha sido muy especial para todos.
Estamos ante un cambio enriquecedor y gratificante.
Lo que nos diferencia: hogares conectados
En algunos modelos de núcleos de convivencia, los espacios suelen estar aislados entre sí. Son unidades cerradas que funcionan casi como pequeñas residencias independientes dentro de la misma estructura.
No es nuestro caso.
En El Cel de Rubí los núcleos son contiguos, forman parte del mismo espacio y mantienen continuidad entre ellos. De esta forma, un residente puede:
- Acercarse a otro núcleo a compartir una charla.
- Participar en una actividad con personas de otro grupo.
- Disfrutar de un rato de compañía.
Y después volver a su núcleo de convivencia para comer, descansar o continuar su rutina en su propio hogar dentro del centro.
Quizás parece un detalle pequeño, pero la realidad es que lo cambia todo.
Por ejemplo, hay residentes con una gran complicidad pero con necesidades diferentes en su rutina diaria. Con nuestro modelo de hogares conectados, pueden mantener su amistad de forma cómoda aunque no convivan las 24 horas del día.
Y con esto logramos algo muy valioso para ellos:
- Que establezcan relaciones más naturales con otros residentes.
- Menos fricción en la convivencia diaria.
- Más libertad emocional.
- Más equilibrio en los vínculos.
Al mismo tiempo, todo esto genera una convivencia más humana.
¿Cómo es el día a día?
Que nos enfoquemos en grupos reducidos y una atención centrada en la persona nos permite crear un ambiente más cercano y manejable. Además, podemos conocer mejor los ritmos de cada persona, sus preferencias y sus necesidades.
Nuestros espacios también responden a dicha visión:
- La nueva cocinita, pensada para fomentar la autonomía y crear ambiente de hogar.
- Salas compartidas donde la convivencia es más íntima y cercana.
- Espacios con luz natural y plantas que aportan serenidad.
- Zonas exteriores como la terraza (¡con huerto incluido!) que siguen formando parte de la vida cotidiana.
En grupos más pequeños las dinámicas son más espontáneas y personalizadas.
Y, al mismo tiempo, nuestro equipo puede acompañar a los residentes de forma mucho más cercana, logrando reforzar el vínculo profesional-residente.
Un proceso que nos ha hecho crecer
Evolucionar hacia núcleos de convivencia nos ha permitido revisar nuestras dinámicas y avanzar hacia un modelo todavía más coherente con nuestra filosofía.
Lo hicimos porque creemos que la convivencia puede ser más humana.
Sentimos que una residencia debe vivirse como un hogar. Porque cada persona necesita su espacio, su grupo, pero también su libertad.
Y es que para nosotros el verdadero sentido de los núcleos de convivencia está en que nos permite:
- Encontrar equilibrio entre pertenencia y libertad.
- Fomentar relaciones más naturales y menos forzadas.
- Crear ambientes más cercanos y humanos.
- Ofrecer una atención verdaderamente centrada en la persona.
Y todo ello genera una convivencia más equilibrada, más natural y, sobre todo, más humana.
