La figura del psicólogo o psicóloga en una residencia y centro de día desempeña muchas funciones. Y aunque a menudo pensamos en la atención directa a las personas mayores, su labor va mucho más allá: acompañar a las familias también es una parte fundamental de su trabajo.

La incorporación de una persona a una residencia o centro de día supone un cambio importante, no solo para ella, sino también para su entorno familiar.

Es una nueva etapa que requiere adaptación que cada familia vive de manera diferente.

Para algunas, saber que su ser querido se encuentra en un entorno donde puede recibir los cuidados que necesita supone una gran tranquilidad. Para otras, en cambio, este momento puede despertar sentimientos de tristeza, preocupación o culpa.

Y también es habitual que todas estas emociones convivan.

Durante los primeros días y semanas suelen surgir preguntas como: ¿Estará bien? ¿Hemos tomado la mejor decisión? ¿Conseguirá adaptarse? ¿Encontrará su lugar?

Son inquietudes que forman parte de este cambio.

Por eso, contar con el apoyo del equipo de El Cel de Rubí y disponer de un espacio de atención psicológica donde expresar lo que se siente, plantear dudas y encontrar orientación puede ayudar a las familias a afrontar esta etapa con mayor confianza.

No hay dos familias iguales ni una única manera de acompañarlas. Cada situación necesita su propio tiempo, atención y comprensión.

¿Cómo acompañamos a las familias?

El acompañamiento psicológico a las familias no se limita al ingreso.

Puede ser necesario en cualquier momento de la estancia en la residencia o centro de día, en las primeras semanas de adaptación o más adelante, cuando aparecen nuevas necesidades o situaciones.

Esta atención puede realizarse de manera presencial o telefónica, en función de cada situación.

Pero ¿en qué trabajamos durante este acompañamiento?

Escuchar, comprender y orientar

Uno de los aspectos más importantes de la atención psicológica a las familias es algo tan esencial como escuchar sus preocupaciones, atender sus dudas y ofrecer orientación.

También es fundamental conocer la historia de vida de la persona mayor.

Saber cómo es, qué le gusta, cuáles son sus costumbres, sus pequeños rituales y sus preferencias ayuda a comprender mejor su personalidad y a ofrecerle una atención más personalizada y centrada en ella.

En este sentido, la comunicación entre las familias y los profesionales del centro es una herramienta imprescindible.

Ayudar a comprender los cambios cognitivos

Cuando una persona presenta dificultades cognitivas, sus familiares pueden encontrarse ante comportamientos que no siempre resultan fáciles de entender.

Puede que muestre más irritabilidad o desconfianza, que acuse a otras personas de haber perdido sus objetos personales, que no sea consciente de algunas de sus limitaciones o que olvide situaciones especialmente significativas.

También puede ocurrir que repita una misma pregunta una y otra vez.

Estos cambios pueden generar desconcierto, preocupación o tristeza en las familias, especialmente cuando no comprenden por qué suceden.

En estos casos, el acompañamiento psicológico ayuda a poner en contexto lo que está ocurriendo.

Comprender la evolución de las dificultades cognitivas y qué puede haber detrás de determinadas conductas permite a las familias interpretar mejor estas situaciones.

Además, el profesional de psicología puede ofrecer orientación y estrategias para afrontarlas de una manera más adecuada en el día a día.

Cuidar y fortalecer el vínculo familiar

La relación entre una persona mayor y su familia también puede verse afectada durante la adaptación a una residencia de mayores.

En ocasiones, el residente puede tener dificultades para comprender por qué se ha producido este cambio en su vida, especialmente si no es plenamente consciente de sus limitaciones.

Esto puede generar momentos de incomprensión y afectar al vínculo familiar.

Por otro lado, cuando aumentan las necesidades de apoyo, es frecuente que buena parte de la relación familiar acabe girando alrededor de los cuidados. Las citas médicas, el control de la medicación o la ayuda en actividades cotidianas como vestirse o asearse pueden ocupar gran parte del tiempo compartido.

En este contexto, la residencia o centro de día puede desempeñar un papel importante.

Al contar con un entorno que atiende estas necesidades, las familias pueden ir recuperando otros aspectos de la relación que van más allá de los cuidados.

Las visitas pueden convertirse en momentos para conversar con tranquilidad, compartir una actividad, disfrutar de un rato de ocio o, sencillamente, estar juntos.

Se trata de encontrar nuevas maneras de relacionarse y de seguir cuidando el vínculo afectivo.

El acompañamiento psicológico también puede ayudar a las familias a descubrir y construir estas nuevas formas de relacionarse con sus mayores.

Estar presentes en los momentos más difíciles

A lo largo del envejecimiento pueden aparecer situaciones especialmente delicadas.

Un empeoramiento de la salud, cambios en las capacidades cognitivas, una pérdida de autonomía o la aparición de determinadas alteraciones de conducta suelen generar preocupación en el entorno familiar.

Son momentos en los que las familias pueden necesitar información, escucha y apoyo emocional.

La atención psicológica ofrece un espacio donde expresar estas preocupaciones, comprender mejor los cambios que se están produciendo y encontrar orientación para afrontar las nuevas circunstancias.

El valor de acompañar juntos

La comunicación entre las familias y los profesionales de la residencia o centro de día es esencial para ofrecer una atención cercana, personalizada y centrada en el bienestar de la persona mayor.

Pero también es importante cuidar a quienes forman parte de su entorno.

Escuchar a las familias, comprender cómo viven cada etapa y ofrecerles el apoyo que necesitan nos permite construir una relación de confianza y avanzar hacia una atención más humana.

Cuando cuidamos de una persona mayor, no podemos olvidarnos del acompañamiento familiar.