Cuidar a un ser querido mayor en casa puede ser una tarea gratificante, pero también resulta un auténtico desafío. 

Todos los cuidadores familiares enfrentan diversas responsabilidades físicas, emocionales y financieras mientras brindan atención a sus mayores. 

Por ello, es crucial que los cuidadores reciban el apoyo adecuado y tengan acceso a los recursos necesarios para enfrentar estos desafíos de forma efectiva, sea cual sea el grado de dependencia.

¿Qué es un cuidador familiar?

Un cuidador de salud proporciona asistencia a personas que necesitan ayuda para cuidarse a sí mismas, ya sea debido a una lesión, enfermedad crónica o discapacidad. 

Estos cuidadores pueden ser familiares, amigos o profesionales remunerados, y pueden trabajar en el hogar, en hospitales u otros entornos de atención médica.

El cuidado puede ser gratificante, fortaleciendo las relaciones y brindando satisfacción personal. Sin embargo, también puede ser estresante y abrumador. 

El término «cuidador familiar» se refiere a aquellos que dedican una parte significativa de su vida al cuidado de personas cercanas con dependencia, enfermedad o discapacidad. Es un papel asumido comúnmente por familiares o amigos cercanos.

Un perfil muy definido 

Cada 5 de noviembre se celebra el Día Mundial de las Personas Cuidadoras para concienciar sobre la labor de esta figura y prevenir una sobrecarga de su salud. 

Encargarse de los cuidados que requiere un paciente, persona dependiente o de edad avanzada es una responsabilidad va más allá de las 24 horas al día de cada semana. 

A menudo requiere reorganización de la vida familiar, especialmente cuando surgen nuevas circunstancias como la llegada de un bebé, pérdida de movilidad, problemas de salud o discapacidades temporales o prolongadas. Por ello, hay que tomar las precauciones necesarias, buscar apoyo y dedicar tiempo a uno/a mismo/a, ya que de no hacerlo, el cuidador o cuidadora puede sufrir un desgaste y agotamiento físico, emocional y social, que es lo que conocemos como el síndrome del cuidador quemado.

Aunque cada vez hay más hombres que asumen este rol, el prototipo de persona cuidadora no profesional es el de una mujer de mediana edad, casada, familiar directo de la persona afectada (pareja, madre, hija…), sin ayudas externas y sobre quien recae casi en exclusiva la responsabilidad de supervisar su salud y hacerse cargo de la persona dependiente.

El rol femenino en los cuidados

Según la OMS, durante el periodo comprendido entre el año 2015 y el 2050 se habrá duplicado el número de personas mayores. 

En los núcleos familiares amplios las tareas al cuidar de personas mayores acostumbran a repartirse. Lo más común es que se haga entre hermanos, pero también podemos verlo en sobrinos o amigos cercanos. 

Sin embargo, no cabe ninguna duda de que el rol femenino de las cuidadoras representa un enorme desafío. No en vano, existe una alta feminización, con el 85% de los cuidadores siendo mujeres, muchas de ellas también amas de casa. 

Este papel tradicional a menudo limita su participación social y autonomía, dificultando las relaciones interpersonales. 

Aunque muchas cuidadoras familiares asumen su labor como un deber moral y encuentran satisfacción en ella, también saben que puede tener un impacto negativo en su calidad de vida. 

Es fundamental abordar esta problemática desde una perspectiva social y de género, diseñando políticas integrales que protejan la salud de las personas dependientes y el bienestar de sus cuidadoras. El objetivo es mitigar las desigualdades asociadas con el desempeño de este rol.

persona cuidadora en residencia

Hacer frente al estrés del cuidador

La tensión emocional y física por la atención que implica cuidar, puede generar estrés. 

Los signos van desde sentirse abrumado a sentirse solo, aislado o abandonado por otros, dormir demasiado o muy poco, ganar o perder mucho peso, sentir cansancio la mayor parte del tiempo, irritarse fácilmente, etc.

El estrés del cuidador a largo plazo puede aumentar el riesgo de problemas de salud, algunos de ellos graves. Estos son los más habituales: 

  • Depresión y ansiedad
  • Un sistema inmunitario débil
  • Dolores de cabeza
  • Fatiga frecuente
  • Sobrepeso y obesidad
  • Vulnerabilidad a las infecciones
  • Enfermedades crónicas como enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes o artritis. La depresión y la obesidad pueden aumentar aún más el riesgo de estas afecciones
  • Problemas con la memoria a corto plazo o prestar atención
  • Mayor riesgo de padecer diabetes y problemas coronarios derivados del estrés

La sobrecarga de los cuidadores como problema número uno

La sobrecarga de los cuidadores es la percepción que tiene cada persona sobre el impacto que tiene en su vida ser responsable de una persona dependiente o con diversos grados de discapacidad. 

Por un lado, está la sobrecarga subjetiva, es decir, el sentimiento psicológico que se asocia al hecho de cuidar y en concreto a la respuesta emocional ante dicha experiencia. 

Y por otro lado, existe la sobrecarga objetiva, que son las propias tareas de cuidado que debe asumir la persona cuidadora y las dificultades a las que tiene que hacer frente.

De aquí viene el estrés primario, es decir, las consecuencias de cuidar, como perder relaciones sociales, la dependencia, etc. Y el estrés secundario, en forma de consecuencias indirectas, como los problemas laborales, legales y económicos a raíz de estos cuidados.

A nivel psicológico, las tres dimensiones más frecuentes entre las personas cuidadoras son las somatizaciones, la depresión y la ansiedad.

Síndrome del cuidador quemado: cómo afrontarlo y encontrar apoyo

La dedicación y la exigencia intensiva que implica cuidar a un ser querido tiene, siempre, un impacto significativo en la salud física y emocional del cuidador. 

De esta forma, el síndrome del cuidador quemado se manifiesta a través de una serie de síntomas que incluyen:

  • Falta de energía y cansancio constante
  • Problemas de sueño
  • Cambios en el apetito y el peso
  • Dolores físicos
  • Irritabilidad y cambios de humor
  • Niveles elevados de estrés, ansiedad y depresión
  • Sentimientos de culpa y aislamiento
  • Pérdida de interés en actividades previamente disfrutadas

El riesgo de experimentar estos síntomas aumenta dependiendo de varios factores, como la edad y el estado de salud del paciente, la colaboración de otros miembros de la familia, la situación económica o el nivel de educación del cuidador.

Consejos para los cuidadores

Para prevenir o aliviar el estrés del cuidador, es fundamental tomar medidas que promuevan el bienestar físico y emocional. 

Al cuidar de sí mismo, podrá brindar una mejor atención a su ser querido y encontrar más satisfacción en su rol como cuidador. 

Estas son algunas formas de autocuidado:

  • Educarse sobre el cuidado adecuado: Aprovecha las clases y recursos disponibles en hospitales u organizaciones locales para aprender cómo brindar el mejor cuidado posible a tu ser querido. Conocer técnicas y estrategias puede reducir la ansiedad y mejorar la eficacia del cuidado.
  • Buscar recursos comunitarios: Explora los servicios de guardería para adultos o programas de relevo en tu comunidad. Estos servicios pueden proporcionarte un respiro necesario para descansar y recargar energías.
  • Pedir y aceptar ayuda: No tengas miedo de pedir ayuda a amigos, familiares u otros seres queridos. Haz una lista de tareas en las que otros puedan colaborar y permite que elijan cómo pueden contribuir. Aceptar ayuda no solo alivia tu carga, sino que también permite que otros se sientan útiles y conectados.
  • Participar en grupos de apoyo: Únete a un grupo de apoyo para cuidadores para compartir experiencias, obtener consejos útiles y recibir apoyo emocional de personas que comprenden tus desafíos.
  • Organizar y establecer rutinas y límites: Mantén una agenda organizada y establece rutinas diarias para hacer que el cuidado sea más manejable y predecible. Esto puede ayudar a reducir la sensación de abrumamiento y proporcionar estructura en tu vida diaria.
  • Mantenerse conectado socialmente: Mantén relaciones sociales saludables con familiares y amigos para obtener apoyo emocional y evitar sentirte aislado. El contacto regular con personas que se preocupan por ti es reconfortante y revitalizante.
  • Cuidar tu propia salud: Prioriza tu bienestar físico haciendo ejercicio regularmente, comiendo alimentos saludables y descansando lo suficiente. No descuides tu atención médica personal; programe chequeos regulares y exámenes de salud para mantenerse en óptimas condiciones.
  • Considera tomarte un tiempo de descanso: Si te sientes abrumado, considera tomarte unas vacaciones. Es importante que el cuidador encuentre tiempo para descansar y relajarse, incluso si es solo unos minutos al día.

Recuerda que cuidar de ti no es un acto de egoísmo, sino una parte fundamental de ser un cuidador efectivo y compasivo. Al priorizar tu bienestar, estarás en una mejor posición para brindar el cuidado y la atención que tu ser querido necesita.

Consejos para los cuidadores de personas con demencia

Aquí os dejamos también algunas recomendaciones específicas sobre cómo interactuar con personas que tienen demencia:

  • Manejar conversaciones delicadas: Si la persona pregunta por alguien fallecido, evita insistir en el fallecimiento. Esto puede causar agitación y ansiedad al revivir el duelo. Es mejor responder con amabilidad, diciendo que la persona está ocupada o fuera de casa.
  • Dar tiempo y espacio: Permite que la persona tenga el tiempo necesario para responder o realizar una tarea. Evita hacer sentir prisa, ya que esto genera confusión y ansiedad.
  • Paciencia con las repeticiones: Es común que la persona repita las mismas preguntas o demandas una y otra vez. En lugar de frustrarte, ten paciencia y responde amablemente tantas veces como sea necesario.
  • Evitar provocar ansiedad: No utilices frases que impliquen que la persona debería recordar algo, ya que esto puede generar nerviosismo. En su lugar, narra los eventos en primera persona para ayudar a la persona a conectar con la experiencia.
  • No infantilizar: Trata a la persona con respeto y dignidad, evitando hablarle de manera condescendiente o tratarla como a un niño. Reconoce su autonomía y valía como individuo. Principio del formulario

Ayudas, apoyo y dependencia

No todos estamos preparados para cuidar de un familiar mayor, ni disponemos del tiempo o los recursos económicos necesarios para hacerlo.

Las ayudas por tener una persona mayor a cargo del cuidado o para la contratación de un servicio de asistencia domiciliaria, funcionan como un apoyo para familiares y cuidadores no profesionales que necesitan respaldo económico y asistencial en circunstancias complicadas.

En este caso, al hablar de ayudas nos referimos a dos cosas: 

  • Los servicios de ayuda a domicilio para personas mayores.
  • Las ayudas económicas para cuidadores no profesionales por tener a una persona mayor a cargo.

De todo ello os hablamos largo y tendido en este post del blog sobre la Ley de Dependencia en España.

Como conclusión, es importante reconocer que el cuidado de un familiar afecta significativamente la salud y el bienestar del cuidador, especialmente en el caso de las mujeres. Por ello, es imprescindible que los cuidadores reconozcan la importancia de su propio autocuidado para mitigar estos impactos negativos en su salud y bienestar.