La memoria histórica es el conjunto de recuerdos, vivencias, saberes y experiencias que una sociedad guarda y transmite a lo largo del tiempo.

Es el testimonio vivo de quienes han sido protagonistas de épocas pasadas, portadores de enseñanzas y guardianes de tradiciones.

En este contexto, los adultos mayores representan un verdadero tesoro humano: son la voz directa del pasado, la memoria encarnada de generaciones anteriores.

Preservar estos relatos no solo es un acto de justicia con quienes han vivido intensamente la historia, sino también una herramienta valiosa para comprender el presente y proyectar un futuro más consciente.

Y es precisamente en las residencias, así como en casales y los diferentes puntos de encuentro de nuestros mayores, donde más y mejor se propaga y fomenta la memoria histórica; donde más de habla de ella.

No en vano, los residentes tienen eso en común: comparten, cada uno en su contexto, una dilatada memoria histórica. Son lugares donde se da rienda suelta a su expresión y a la óptima conservación de los recuerdos.

La memoria histórica como patrimonio colectivo

La memoria histórica no es solo una cuestión académica o institucional; es un fenómeno cultural, emocional y humano.

Cada relato personal se entrelaza con otros para formar el tejido de la historia colectiva.

Cuando una persona mayor comparte cómo vivió una guerra, una dictadura, una migración o una transformación social, está ofreciendo una perspectiva única y enriquecedora que los libros de historia rara vez logran capturar en su totalidad.

Definiendo la memoria

Según Padín (2013), la memoria es un proceso mental complejo que permite registrar, guardar y recuperar experiencias, ideas y acciones.).

Permite desarrollar la capacidad de aprendizaje, y está implicada en la toma de decisiones, la resolución de problemas y en la capacidad de adaptación al ambiente.

La memoria puede clasificarse según distintas categorías, siendo una de las más utilizadas la siguiente: la memoria inmediata, la memoria reciente y la memoria remota (Psicopsi, s.f.).

Por otro lado, la memoria autobiográfica forma parte de la memoria remota y se refiere al recuerdo de la propia historia de vida del individuo (Padín, 2013).

Esta memoria está estrechamente ligada a la identidad personal (Vadillo-Melero, 2017) y contribuye a mantener la sensación de continuidad del yo.

El sentido de la memoria autobiográfica

En la vejez, la memoria autobiográfica adquiere un sentido especial, ya que es un elemento clave para el sentido de identidad, la regulación emocional, el desarrollo de relaciones interpersonales significativas y la estimulación de capacidades cognitivas.

Beneficios de preservar la memoria histórica

De esa manera, gracias a la preservación de los relatos de nuestros adultos mayores, podremos:

  • Darle una continuidad a su identidad, teniendo en cuenta elementos que hayan sido importantes y significativos en su día a día, y permitiendo que pueda seguir reafirmando quién es. En el Cel de Rubí, recogemos la historia de vida de nuestros residentes, para poder incorporar dichos elementos en su rutina, acercándonos a una atención centrada en la persona. Esta historia de vida adquiere una significación especial cuando es narrada por la propia persona.
  • Promover el bienestar emocional, a través de la regulación emocional, mediante la reminiscencia de aquellos recuerdos significativos para la persona. Conseguimos que conecten con su momento actual y experimenten sensación de familiaridad y de calma al recuperar recuerdos positivos.
  • Fomentar la creación de una red social sólida, a través de lazos basados en la confianza y la empatía. Dicha red puede ser entre los propios residentes, el residente y sus familiares, o entre el residente y los cuidadores.
  • Favorecer la estimulación cognitiva, trabajando funciones como la atención y concentración, el lenguaje, la escritura, y la propia memoria.

Cómo trabajar la memoria autobiográfica con adultos mayores

  • Talleres de reminiscencia: Mediante elementos significativos para la persona (fotografías u objetos relacionados con su historia de vida) se busca facilitar la recuperación y evocación de recuerdos vinculados a su propia historia de vida.
  • Meditación guiada: A través de un profesional o de la escucha/visualización de un audio/vídeo, en un entorno tranquilo, se guía al adulto mayor oralmente para que se imagine y recupere de nuevo recuerdos de su historia de vida.
  • Talleres de memoria a través de la escritura: La construcción del relato vital mediante la recuperación y evocación de recuerdos de forma escrita. Se puede realizar a nivel global (como si se tratase de una línea de vida) o atendiendo a momentos concretos. Es decir, que el adulto mayor realice un resumen de su propia historia vital completa o que describa y recuerde momentos específicos de esta.

Preservar los relatos de vida de los residentes

Más específicamente, a través de la escritura o el relato oral, se pueden idear dinámicas que permitan preservar los relatos de vida de nuestros residentes.

Sin ir más lejos, en el Cel Rubí hemos diseñado un programa de entrevistas para compartir la memoria histórica, similar a un programa de televisión, tratando temas concretos relacionados con la memoria histórica y con otra multitud de temas, fomentando la recuperación de estos recuerdos e historias.

Igualmente, algunos ejemplos concretos, y basándose en lo dicho anteriormente, podrían ser:

Dividir la historia de vida en etapas significativas

Trabajar cada una de ellas en una sesión distinta. Por ejemplo, ya sea en pequeño grupo o de manera individual, abordar dichos momentos significativos.

Se puede realizar a nivel de etapa evolutiva (una sesión para la infancia, otra para la juventud, otra para la edad adulta, y otra para la vejez) o a nivel de situaciones específicas (el día de la boda, el día de nacimiento de los hijos/as, un día en el trabajo, las vacaciones de verano, la jubilación…).

Promover el relato a través de un objeto/fotografía

Se trata de escribir o narrar dicho momento vital a través de la visualización de algún objeto significativo o de fotografías antiguas.

Aquí son especialmente relevante las festividades a nivel sociocultural, como la Diada del 11 de septiembre, el Día de la Constitución (6 de diciembre), Sant Jordi cada 23 de abril, etc.

Se realizan preguntas que estimulen el recuerdo de la propia historia vital. De manera adicional, se podrían recoger todos aquellos objetos significativos/fotografías importantes y guardarlas en un baúl/caja para poder acceder a ellos en cualquier momento. En la caja, también podrían guardarse olores significativos para la persona y una lista de canciones importantes para ella.

Incentivar el recuerdo de lugares significativos del residente

En un primer momento, se investiga sobre cuáles eran las ciudades y pueblos donde pasaron un tiempo de vida significativo los/las residentes.

En segundo lugar, se buscan imágenes de aquellos lugares y se le muestran al residente, buscando que explique/redacte qué recuerdos le despiertan.

Por ejemplo, organizamos el visionado de reportajes de sus respectivos pueblos o de lugares donde estuvieron y ya no pueden visitar.

Se puede realizar en papel, con un dispositivo electrónico y a través de su proyección en alguna pantalla más grande. De igual manera, se le realizan preguntas concretas al residente para que pueda recuperar dichos recuerdos.

Cabe recalcar que, además del propio beneficio personal para los y las residentes, el hecho de preservar los relatos de los adultos mayores contribuye a enriquecer el conocimiento social e histórico de la sociedad.

¿Qué pasa si se descuida la memoria histórica?

Cuando se ignora o desvaloriza la memoria histórica de los mayores, se pierden múltiples dimensiones:

Pérdida cultural

Se pierden canciones, recetas, palabras, costumbres, creencias que forman parte del alma de una comunidad. La historia oficial no basta para preservar estas expresiones.

Pérdida de identidad

Tanto individual como colectiva. Los mayores pueden sentir que su vida no tiene sentido si nadie quiere escucharla. Y las nuevas generaciones crecen sin raíces, sin comprender las luchas y logros de sus antepasados.

Aumento del edadismo

No escuchar a los mayores refuerza estereotipos negativos sobre la vejez, como que ya no tienen nada útil que decir, que su tiempo ya pasó. Esto aumenta el riesgo de discriminación y abandono.

Empobrecimiento del presente

Sin memoria no hay aprendizaje. Al olvidar el pasado, repetimos errores, desconocemos el valor de lo logrado y perdemos la oportunidad de construir un futuro más sabio.

Una inversión en humanidad

Preservar la memoria histórica a través de los relatos de nuestros mayores no es solo un deber ético: es una inversión en humanidad.

Es reconocer que cada persona es portadora de una historia que merece ser escuchada, valorada y transmitida.

En las residencias geriátricas, donde el tiempo parece ralentizarse y las vidas se encuentran en sus capítulos finales, hay un universo de sabiduría esperando ser compartido.

Basta con ofrecer escucha, tiempo y respeto.

Fomentar la memoria histórica en estos espacios no requiere grandes recursos, sino una mirada sensible que entienda que cada anciano es, en sí mismo, un archivo viviente de humanidad.

Escuchar sus voces es construir una sociedad más justa, más empática y más sabia.

 

Referencias

Padín, G. A. (2013). La memoria: concepto, funcionamiento y anomalías. Cuadernos del Tomás, 5, 177-190. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4462486.pdf

Psicopsi. (s.f.). Concepto de memoria (Memoria inmediata, Memoria reciente, Memoria remota) – Psicopsi. https://www.psicopsi.com/concepto-memoria-inmediata-reciente-remota/#google_vignette

Vadillo-Melero, A. (2017). La memoria autobiográfica y la influencia de la cultura en su desarrollo. http://tauja.ujaen.es/bitstream/10953.1/6113/1/Vadillo_Melero_Alexandra__TFG_Psicologia.pdf