Sentarse a la mesa a comer es mucho más que un momento para alimentarse. En muchas familias, en momentos especiales, reuniones con amigos… la mesa se convierte en un espacio de conversación, rutina, encuentro y compañía.
La comida acaba convirtiéndose en la mejor “excusa” para pasar tiempo con otras personas, celebrar momentos importantes y, en definitiva, construir vínculos emocionales.
Pero no todo el mundo tiene la oportunidad de disfrutar de mesas así.
Las personas mayores pasan gran parte de sus comidas en soledad. A veces porque viven solas, otras porque han perdido a su pareja o porque las rutinas familiares han cambiado.
Algunos disfrutan de esa tranquilidad, pero también sabemos que comer solo siempre puede afectar al estado de ánimo, a las rutinas e incluso a cómo nos alimentamos.
Con este post queremos poner sobre la mesa, nunca mejor dicho, lo importante que es el momento de las comidas más allá de la alimentación.
En El Cel de Rubí entendemos que alimentarse no es solo cubrir una necesidad física: también está relacionado con el bienestar emocional, la convivencia y la calidad de vida de nuestros mayores.
La importancia de compartir las comidas en la tercera edad
A medida que envejecemos, mantener relaciones sociales se vuelve más complicado (por trabajo, falta de tiempo, responsabilidades,…) pero también más importante. Y las comidas son uno de los momentos donde estas relaciones surgen de forma más natural.
En el caso concreto de las personas mayores, sentarse a la mesa acompañado favorece:
- la conversación y la interacción diaria,
- el sentimiento de pertenencia,
- la creación de rutinas compartidas,
- y la prevención de la soledad no deseada.
Estos momentos cotidianos que apenas acostumbramos a valorar son, en realidad, algunos de los los que más bienestar generan: comentar cómo ha ido el día, hablar de recuerdos, hacer bromas o simplemente compartir el silencio acompañado de otras personas.
Con este telón de fondo, si algo tenemos claro en El Cel de Rubí es que el comedor es un espacio de convivencia.
Y precisamente por ello damos libertad para que nuestros residentes puedan sentarse donde quieran y con quien quieran. Y cuando alguien no puede decidirlo por sí mismo, el equipo procura que comparta mesa con personas con las que tiene buena relación o afinidad.
Y es que el momento de la comida sigue siendo, también en la residencia, un espacio familiar y social.
Comer acompañado también favorece hábitos más saludables
Ya hemos mencionado los beneficios emocionales de compartir mesa a la hora de comer, pero es que también ayuda a mantener hábitos más saludables.
Cuando una persona come acompañada:
- suele mantener mejor las rutinas,
- tiene más motivación para sentarse a comer,
- presta más atención a la alimentación,
- y se favorece una mejor hidratación.
En cambio, cuando una persona mayor come sola de forma habitual, es frecuente que aparezcan situaciones como:
- pérdida de apetito,
- comidas poco variadas,
- horarios irregulares,
- o incluso falta de interés por cocinar.
Por otra parte, el hecho de compartir horarios y espacios aporta estabilidad a nuestros mayores y facilita la organización de la rutina diaria.
Pequeños hábitos que marcan la diferencia
Compartir mesa es algo común durante todo el año pero es cierto que, con la llegada del buen tiempo y el verano, algunas personas no solo se les abre un poco el apetito, también tienen más ganas de compartir momentos y socializar.
En cualquier caso, el verano es una época en la que los buenos hábitos alimentarios e hidratarse correctamente es aún más importante.
En nuestra residencia, por ejemplo, pasamos del menú de invierno al menú de verano.
¿Cuál es la diferencia? Básicamente incluimos menús más frescos, ligeros y adecuados para el verano.
De esta forma conseguimos favorecer comidas más apetecibles y ayudar a mantener el bienestar general de las personas mayores durante los meses más calurosos del año. Además, fomentamos el consumo de agua a lo largo del día, algo fundamental en la tercera edad, ya que muchas personas mayores tienen menos sensación de sed y pueden deshidratarse con mayor facilidad.
Hace un tiempo ya hablamos en el blog sobre este tema y compartimos algunos consejos prácticos sobre alimentación e hidratación en verano para personas mayores.
¡Anímate a leerlo!
Cocinar y compartir: una actividad que une
En El Cel de Rubí, no solo entendemos las comidas como un momento para compartir, también entendemos la cocina como una actividad significativa y un espacio de participación.
Cada dos semanas realizamos talleres donde los propios usuarios preparan uno de los platos de la cena que después compartirán entre todos. Es una de las actividades favoritas de nuestros residentes y también nuestra porque lo tiene todo:
- trabajo en equipo,
- autonomía,
- recuerdos,
- conversación,
- y satisfacción personal.
Mientras cocinan, nuestros mayores comparten historias, intercambian opiniones y reviven recetas o costumbres de toda la vida. De hecho, en más de una ocasión aparecen recuerdos olvidados sobre comida en familia, celebraciones o platos tradicionales.
Y así es cómo convertimos algo cotidiano como la cocina en un momento de conexión y bienestar.
En definitiva, a veces pensamos en el bienestar de las personas mayores desde el punto de vista médico o asistencial. Sin embargo, pequeños momentos del día como sentarse en la mesa acompañado tienen un enorme impacto emocional.
Compartir una comida no solo alimenta el cuerpo. También alimenta los vínculos, las rutinas y el sentimiento de pertenencia.
Y eso también es calidad de vida.
