A menudo pensamos en la rutina como si fuera hacer siempre lo mismo o algo aburrido. Sin embargo, mantener rutinas en la tercera edad es todo lo contrario: ofrece a nuestros mayores seguridad, estabilidad y bienestar. 

Una vida rutinaria no implica tener una horario estricto o que cada día sea exactamente igual que el anterior. 

Las rutinas en la tercera edad se centrar en tener hábitos saludables, organizar el día, reducir la incertidumbre… 

En definitiva, afrontar los cambios propios de la vez con más tranquilidad. 

A medida que nos hacemos mayores y entramos en la tercera edad, suelen haber cambios importantes en nuestra vida: la jubilación, la pérdida de la pareja o de personas cercanas, la aparición de problemas de salud… 

Con tantos cambios de telón, las rutinas en la tercera edad son una herramienta para aportar bienestar y ayudar a mantener la autonomía de los mayores. 

6 beneficios de las rutinas en la tercera edad

Las rutinas forman parte de toda nuestra vida.

Cuando somos pequeños nos ayudan a sentirnos seguros sabiendo qué sucederá y crecer en un entorno predecible y seguro. En la vida adulta, organizan nuestro día a día y, en la vejez, vuelven a ser en un gran apoyo a nivel de estabilidad, orientación y tranquilidad.

En definitiva, en la tercera edad, seguir unos horarios relativamente estables para levantarse, realizar las comidas, participar en actividades o descansar no significa perder libertad. 

La rutina del día a día hace que nuestros mayores se desenvuelven con más seguridad y confianza.

Si profundizamos más en la importancia de las rutinas en la tercera edad, veremos cómo ésta tiene beneficios físicos y emocionales. Estas son 6 de las ventajas más importantes de mantener una rutina en el día a día: 

1. Aportan seguridad y sensación de control

Saber qué sucederá a lo largo de la jornada logra reducir la incertidumbre y nos da tranquilidad, especialmente si hablamos de momentos de cambio como, por ejemplo, empezar a vivir en una residencia. 

2. Favorecen la estabilidad emocional

Las rutinas también ayudan a disminuir la apatía y el aburrimiento y esto puede fomentar una actitud más activa y participativa.

3. Mejoran la orientación

En el caso de comidas, actividades o tiempo de descanso, el hecho de mantener unos horarios regulares ayuda a nuestros mayores con la orientación temporal. 

También reduce la sensación de confusión en aquellas personas con deterioro cognitivo. 

4. Favorecen una mayor autonomía

Cuando la persona conoce la estructura del día puede anticiparse, participar de forma más activa y mantener durante más tiempo su independencia en las actividades cotidianas.

5. Promueven hábitos saludables

Dormir, comer, hidratarse o realizar actividad física de forma regular contribuye a un envejecimiento más saludable y a una mejor calidad de vida.

6. Favorecen la convivencia y ayudan a prevenir la soledad no deseada

Las rutinas también crean espacios naturales para compartir tiempo con otras personas

Las comidas, las sobremesas, las actividades grupales o celebrar fechas especiales dan pie a la conversación, fortalecen los vínculos y refuerzan el sentimiento de pertenencia. 

Muchas grandes amistades nacen así: en pequeños momentos del día a día.

Cómo trabajamos las rutinas en El Cel Rubí

En nuestra residencia entendemos que las rutinas son una herramienta para ofrecer seguridad y estabilidad, pero siempre de forma flexible y poniendo el foco en la persona. 

No buscamos que todos los días sean iguales, sino crear un ambiente y rutina que de confianza y haga que cada uno de nuestros residentes pase el día con tranquilidad. 

¿Cómo lo conseguimos?

Haciendo que la jornada tenga un ritmo estable y combinando actividades, descanso, convivencia y tiempo personal.

Los horarios aportan estabilidad

Para las comidas y el tiempo de descanso tenemos unos horarios regulares que sirven como referencia temporal para los residentes y usuarios del centro de día.

Actividades para empezar el día con energía

Las primeras actividades de la mañana están pensadas para favorecer la orientación y la activación física y cognitiva. 

Solemos comenzar con nuestro programa Activa’t y sesiones de estimulación sensorial, que ayudan a preparar a los residentes para afrontar el resto del día.

A partir de ahí, llevamos a cabo diferentes actividades de estimulación cognitiva, física, sensorial, creativa y social, adaptadas a las capacidades, gustos y preferencias de cada persona.

Núcleos de convivencia que aportan estructura

Los núcleos de convivencia también forman parte de la rutina. 

Aunque nuestros residentes se mueven libremente por el centro, pertenecer a un grupo de convivencia les proporciona referencias estables, favorece las relaciones personales y genera un entorno cercano y familiar.

Celebraciones que enriquecen la rutina

Romper la rutina de vez en cuando también está bien. Por eso reservamos espacio para la sorpresa, la celebración y los momentos especiales.

A lo largo del año organizamos actividades relacionadas con festividades, tradiciones y celebraciones que alteran la rutina de forma positiva y generan nuevas experiencias compartidas entre residentes, familias y profesionales.

¿Rutinas en la tercera edad? Sí, pero adaptadas a cada persona

Uno de los principios de la Atención Centrada en la Persona es entender que cada residente tiene su propia historia, sus hábitos y su manera de vivir.

Por eso, en El Cel Rubí no imponemos las rutinas de forma rígida. Al contrario, se adaptan, siempre que es posible, a las preferencias y necesidades de cada persona.

Durante el proceso de acogida conocemos su historia de vida, sus costumbres y aquellas pequeñas rutinas que han formado parte de su día a día durante años. Toda esa información nos ayuda a ofrecer una atención más personalizada y a hacer que la persona se sienta como en casa desde el primer momento.

En definitiva, las rutinas no limitan la libertad; la hacen más sencilla. 

Cuando una persona sabe qué puede esperar de su día, se siente más segura, participa con mayor confianza en las actividades y disfruta con más tranquilidad de los momentos compartidos. 

En definitiva, las rutinas en la tercera edad es también una forma de cuidar y dar estabilidad a los mayores.