terraza al aire libre

Espacios verdes y al aire libre: su impacto en el bienestar de los mayores

Seguro que lo has notado en alguna ocasión. Te has sentido estresado o agobiado y pasar el día haciendo senderismo te ha hecho sentir mejor. Está demostrado: el contacto con la naturaleza es una de las mejores fuentes de bienestar en cualquier etapa de la vida. Sin embargo, para las personas mayores cobra un significado especial: aporta calma, mejora el estado de ánimo, favorece el movimiento y estimula emociones positivas. 

En El Cel Rubí entendemos el bienestar desde una mirada integral. Por eso, los espacios verdes forman parte de nuestra residencia. 

Por qué los espacios verdes son tan importantes para los mayores

Según el Instituto de Salud Global de Barcelona, vivir en contacto con zonas verdes está asociado a una mejor salud mental

De hecho, como decíamos, los espacios verdes reducen el estrés, mejoran el estado de ánimo y fomentan la actividad física ligera, algo que es fundamental en la tercera edad. En concreto, estos son algunos de los beneficios más reconocidos: 

  • Reducción del estrés y la ansiedad

  • Mejora del sueño y regulación del ritmo circadiano

  • Aumento de la actividad física, incluso en niveles moderados

  • Estímulo cognitivo (observación, memoria, conversación sobre plantas o colores)

  • Fortalecimiento del sistema inmunológico

  • Mayor interacción social y bienestar emocional

Para las personas mayores, que a menudo por su edad y estado físico o mental suelen pasar más tiempo en interiores, contar con un jardín o una terraza al aire libre como la que tenemos en El Cel Rubí marca la diferencia en su calidad de vida. 

La biofilia o por qué necesitamos naturaleza

El concepto de biofilia hace referencia a la tendencia que tenemos los humanos a conectar con la vida y los elementos naturales y, en los últimos años, ha ido ganando protagonismo en psicología ambiental y diseño de espacios.

Aplicado al cuidado de los mayores en los centros residenciales, podemos decir que la biofilia invita a crear entornos que incorporen luz natural, vegetación, texturas orgánicas, sonidos suaves o vistas a la naturaleza. 

Es decir, va mucho más allá del “tener plantas”. Se trata no solo de crear espacios acogedores sino de rincones que invitan a la serenidad y la conexión, tanto dentro como fuera del edificio. 

Por ejemplo, en una residencia estaríamos hablando de jardines accesibles y seguros, espacios agradables para conversar, zonas donde nuestros mayores puedan observar plantas, cuidar de un huerto o simplemente disfrutar del aire fresco. 

Por supuesto, los elementos naturales en el interior de las residencias también son fundamentales y, volvemos a insistir, no hablamos únicamente de plantas. También importa tener luz natural.

5 beneficios de los espacios al aire libre para la salud física y mental

Contar con espacios verdes o al aire libre en una residencia, o en cualquier tipo de edificio, también una oficina, por ejemplo, no es solo una cuestión estética. 

Estamos ante una herramienta terapéutica, que nos da calidad de vida. 

Veamos algunos de los beneficios más relevantes de estos espacios en la tercera edad:

  1. Mejora de la movilidad: Pasear al aire libre, aunque sea durante pocos minutos, ayuda a mantener fuerza, equilibrio y función cardiovascular.

  2. Estimulación cognitiva: Los colores, olores, sonidos y texturas de la naturaleza despiertan recuerdos, conversaciones y asociaciones.

  3. Bienestar emocional: La luz del sol, el aire fresco y la vegetación tienen un efecto directo sobre el estado de ánimo. Salir a la terraza o a ver las plantas es un soplo de aire fresco, nunca mejor dicho, para nuestros residentes.

  4. Interacción social: Los espacios verdes facilitan las conversaciones espontáneas, las visitas familiares y las actividades grupales.

  5. Sensación de hogar: Un jardín cuidado o un pequeño huerto generan familiaridad y permiten a los mayores mantener un rol activo.

Nuestros al aire libre en El Cel Rubí

En El Cel Rubí contamos con varios espacios pensados para favorecer entre nuestros residentes ese contacto tan necesario con la naturaleza. :

Terraza con porche y pérgolas

Nuestra terraza es uno de los espacios más queridos por nuestros residentes y trabajadores. Un lugar cómodo y seguro, equipado con mesas y sillas que permiten descansar, conversar, leer o simplemente disfrutar del aire libre.

Huerto y plantas cuidadas por los propios residentes

En la misma terraza tenemos también una zona con un huerto urbano.

Nuestros mayores cuidan, riegan y observan el crecimiento de las plantas, lo que favorece la responsabilidad, la motivación y la satisfacción personal. ¡Les encanta! Y a muchos de ellos, por ejemplo, les trae recuerdos de cuando eran pequeños o cuando trabajaban en el campo.

Espacios conectados con lo natural

Nuestra biblioteca, ubicada en una zona techada en la terraza, es luminosa y tranquila. Además, tenemos un espacio de gimnasia con luz natural y plantas que aportan serenidad, conexión y sensación de bienestar.

biblioteca en la terraza

Un lugar para compartir con la familia

Además, la terraza también se ha convertido en uno de los lugares favoritos para las familias cuando vienen a ver a sus mayores. Se crean así momentos que refuerzan los vínculos afectivos gracias a un entorno que se siente como un verdadero hogar. 

Cómo mantenerse en contacto con la naturaleza también en otoño e invierno

Sabemos que cuando bajan las temperaturas, las salidas a la terraza de El Cel Rubí son menos frecuentes. Sin embargo, existen formas sencillas y seguras de seguir disfrutando de la naturaleza durante los meses fríos y las queremos compartir con vosotros para que os sean de utilidad si tenéis mayores:

  1. Aprovechar las mañanas: Salir a pasear o sentarse un rato al aire libre cuando el sol está más alto es más agradable y ayuda a la vitamina D. Si no es posible salir fuera, sentarse frente a la ventana y disfrutar de la luz natural es una buena alternativa. 

  2. Ropa adecuada: Gorros, bufandas, mantas ligeras y chaquetas fáciles de poner favorecen la autonomía y hacen que el frío no sea un impedimento. 

  3. Exteriores breves pero frecuentes: No hace falta permanecer mucho tiempo fuera: salidas cortas de 5–10 minutos ya aportan beneficios.

  4. Observar desde el interior: Mirar por la ventana, cuidar plantas dentro del espacio interior o colocar flores en la habitación también genera conexión emocional. 

  5. Actividades relacionadas con la naturaleza en interiores: Estar en contacto con la naturaleza sin salir de casa o la residencia también es posible. Por ejemplo, se pueden hacer talleres para plantar semillas en pequeñas macetas, decorar con hojas otoñales, realizar manualidades con elementos naturales, leer libros o ver documentales sobre naturaleza e incluso escuchar paisajes sonoros. 

Todas estas actividades no nos llevan directamente a la naturaleza pero la evocan. 

En definitiva, relacionarse con la naturaleza tiene un impacto emocional positivo para nuestros mayores y su bienestar.


Ejercicios de movilidad y flexibilidad para mayores

La tercera edad es una etapa que a menudo se asocia con una disminución de la movilidad, lo que puede tener un impacto negativo en varios aspectos de la vida cotidiana de nuestros mayores. En este sentido, una buena forma de fomentar su bienestar son los ejercicios de movilidad y flexibilidad para mayores. 

La movilidad: el talón de Aquiles en la tercera edad

En este post hablaremos sobre algunos ejercicios básicos de movilidad y flexibilidad pero antes abordaremos cuáles son las principales dificultades y problemas físicos que se suelen afrontar en la tercera edad. 

1. Dificultades en la vida diaria

La falta de movilidad puede dificultar la realización de tareas diarias como caminar, vestirse, ducharse o subir escaleras, lo que afecta directamente la independencia y la calidad de vida de las personas mayores.

2. Aumento del riesgo de caídas

La movilidad reducida incrementa el riesgo de caídas, una de las principales causas de lesiones graves en la tercera edad. 

Mantener la movilidad y la atención en las articulaciones es crucial para prevenir estas situaciones de riesgo que pueden producirse en cualquier momento, independientemente de si los mayores están en casa o en la calle. 

3. Aumento de problemas posturales, dolores y problemas cardiovasculares

La falta de movimiento puede contribuir a problemas posturales, dolores crónicos y una disminución en la capacidad cardiovascular. Es fundamental mantener una rutina de ejercicios para mitigar estos problemas.

3 beneficios de mantener la movilidad y la flexibilidad para mayores

A menudo nos da miedo pensar en personas mayores haciendo deporte. Sin embargo, la actividad física, adaptada a las necesidades y el momento vital de las personas, es una de las mejores formas de mantenerse sano y tener calidad de vida. 

En el caso de la tercera edad, los ejercicios de movilidad y flexibilidad son un gran aliado y nos aportan toda una serie de beneficios:

  1. Mantiene o mejora la independencia y la autonomía, lo que permite realizar actividades diarias con mayor facilidad y sin ayuda.
  2. Previene lesiones y caídas gracias a que se mantienen las articulaciones móviles y alertas para evitar situaciones de riesgo.
  3. Reduce el dolor y la rigidez: Trabajar la movilidad y flexibilidad de nuestro cuerpo nos ayuda a evitar dolores crónicos y específicos, como en la espalda o rodillas, mediante la lubricación y buen funcionamiento de las articulaciones.

Ejercicios de flexibilidad para personas mayores

Para mejorar la flexibilidad en las personas mayores, es importante realizar estiramientos adecuados. 

Se recomienda estirar lentamente los músculos hasta sentir una tensión moderada y mantener la posición durante unos segundos, por lo tanto nunca debemos sentir dolor al estirar. 

También es crucial evitar estiramientos que causen molestias y ejercicios con rebotes.

Pautas para realizar un entrenamiento de flexibilidad

  1. Realizar 2 series del bloque de ejercicios, manteniendo la posición en cada ejercicio durante 30 segundos.
  2. Descansar 30 segundos entre cada serie.
  3. Mantener una buena hidratación durante el ejercicio.
  4. No alterar el orden de los ejercicios.

Se recomienda realizar estos ejercicios de flexibilidad a diario para mantener la continuidad y obtener beneficios más duraderos a largo plazo.

Ejemplo de bloque de ejercicios

  1. Cuello (flexión-extensión): Inclinar la cabeza hacia adelante y hacia atrás lentamente.
  2. Cuello (laterales):Inclinar la cabeza hacia los lados, llevando la oreja hacia el hombro.
  3. Flexores/Extensores de mano: Abrir y cerrar las manos, estirando los dedos.
  4. Brazo pectoral: Estirar los brazos hacia atrás, abriendo el pecho.
  5. Espalda: Sentarse derecho y girar lentamente el torso hacia la izquierda y la derecha.
  6. Cadera (laterales): De pie, separar las piernas y mover la cadera de un lado a otro.
  7. Isquiotibiales: Sentado, estirar una pierna hacia adelante y tratar de tocar los dedos del pie.
  8. Cuádriceps: De pie, llevar un pie hacia atrás y sujetarlo con la mano, estirando el muslo.
  9. Gemelos: De pie, apoyar las manos en una pared y estirar una pierna hacia atrás, manteniendo el talón en el suelo.
  10. Planta del pie: Sentado, rodar una pelota pequeña bajo el arco del pie para masajear y estirar.

Combinar estos ejercicios de flexibilidad con movimientos de resistencia o fuerza es excelente para la salud general, ya que ofrece un ejercicio completo y mayores beneficios.

En El Cel de Rubí promovemos la salud y el bienestar de nuestros residentes mediante la implementación de rutinas de ejercicio como los mencionados, adaptadas siempre a las necesidades de cada uno de nuestros mayores. 

Con toda la información que tienes en este post, anímate a integrar estos ejercicios en tu rutina diaria o en la rutina de la persona mayor a la que cuides para disfrutar de una vida activa y sin limitaciones. 

Antes de realizar cualquier ejercicio recuerda consultar con un médico de cabecera. Un profesional de la salud puede evaluar el estado físico y proporcionar recomendaciones personalizadas para asegurar que los ejercicios sean seguros y adecuados. Esto es especialmente importante para prevenir lesiones y maximizar los beneficios de estos ejercicios de movilidad y flexibilidad para mayores. ¡La salud y seguridad son lo primero!


persona cuidadora en residencia

Familias cuidadoras: cómo cuidar a tus seres queridos en casa

Cuidar a un ser querido mayor en casa puede ser una tarea gratificante, pero también resulta un auténtico desafío. 

Todos los cuidadores familiares enfrentan diversas responsabilidades físicas, emocionales y financieras mientras brindan atención a sus mayores. 

Por ello, es crucial que los cuidadores reciban el apoyo adecuado y tengan acceso a los recursos necesarios para enfrentar estos desafíos de forma efectiva, sea cual sea el grado de dependencia.

¿Qué es un cuidador familiar?

Un cuidador de salud proporciona asistencia a personas que necesitan ayuda para cuidarse a sí mismas, ya sea debido a una lesión, enfermedad crónica o discapacidad. 

Estos cuidadores pueden ser familiares, amigos o profesionales remunerados, y pueden trabajar en el hogar, en hospitales u otros entornos de atención médica.

El cuidado puede ser gratificante, fortaleciendo las relaciones y brindando satisfacción personal. Sin embargo, también puede ser estresante y abrumador. 

El término "cuidador familiar" se refiere a aquellos que dedican una parte significativa de su vida al cuidado de personas cercanas con dependencia, enfermedad o discapacidad. Es un papel asumido comúnmente por familiares o amigos cercanos.

Un perfil muy definido 

Cada 5 de noviembre se celebra el Día Mundial de las Personas Cuidadoras para concienciar sobre la labor de esta figura y prevenir una sobrecarga de su salud. 

Encargarse de los cuidados que requiere un paciente, persona dependiente o de edad avanzada es una responsabilidad va más allá de las 24 horas al día de cada semana. 

A menudo requiere reorganización de la vida familiar, especialmente cuando surgen nuevas circunstancias como la llegada de un bebé, pérdida de movilidad, problemas de salud o discapacidades temporales o prolongadas. Por ello, hay que tomar las precauciones necesarias, buscar apoyo y dedicar tiempo a uno/a mismo/a, ya que de no hacerlo, el cuidador o cuidadora puede sufrir un desgaste y agotamiento físico, emocional y social, que es lo que conocemos como el síndrome del cuidador quemado.

Aunque cada vez hay más hombres que asumen este rol, el prototipo de persona cuidadora no profesional es el de una mujer de mediana edad, casada, familiar directo de la persona afectada (pareja, madre, hija…), sin ayudas externas y sobre quien recae casi en exclusiva la responsabilidad de supervisar su salud y hacerse cargo de la persona dependiente.

El rol femenino en los cuidados

Según la OMS, durante el periodo comprendido entre el año 2015 y el 2050 se habrá duplicado el número de personas mayores. 

En los núcleos familiares amplios las tareas al cuidar de personas mayores acostumbran a repartirse. Lo más común es que se haga entre hermanos, pero también podemos verlo en sobrinos o amigos cercanos. 

Sin embargo, no cabe ninguna duda de que el rol femenino de las cuidadoras representa un enorme desafío. No en vano, existe una alta feminización, con el 85% de los cuidadores siendo mujeres, muchas de ellas también amas de casa. 

Este papel tradicional a menudo limita su participación social y autonomía, dificultando las relaciones interpersonales. 

Aunque muchas cuidadoras familiares asumen su labor como un deber moral y encuentran satisfacción en ella, también saben que puede tener un impacto negativo en su calidad de vida. 

Es fundamental abordar esta problemática desde una perspectiva social y de género, diseñando políticas integrales que protejan la salud de las personas dependientes y el bienestar de sus cuidadoras. El objetivo es mitigar las desigualdades asociadas con el desempeño de este rol.

persona cuidadora en residencia

Hacer frente al estrés del cuidador

La tensión emocional y física por la atención que implica cuidar, puede generar estrés. 

Los signos van desde sentirse abrumado a sentirse solo, aislado o abandonado por otros, dormir demasiado o muy poco, ganar o perder mucho peso, sentir cansancio la mayor parte del tiempo, irritarse fácilmente, etc.

El estrés del cuidador a largo plazo puede aumentar el riesgo de problemas de salud, algunos de ellos graves. Estos son los más habituales: 

  • Depresión y ansiedad
  • Un sistema inmunitario débil
  • Dolores de cabeza
  • Fatiga frecuente
  • Sobrepeso y obesidad
  • Vulnerabilidad a las infecciones
  • Enfermedades crónicas como enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes o artritis. La depresión y la obesidad pueden aumentar aún más el riesgo de estas afecciones
  • Problemas con la memoria a corto plazo o prestar atención
  • Mayor riesgo de padecer diabetes y problemas coronarios derivados del estrés

La sobrecarga de los cuidadores como problema número uno

La sobrecarga de los cuidadores es la percepción que tiene cada persona sobre el impacto que tiene en su vida ser responsable de una persona dependiente o con diversos grados de discapacidad. 

Por un lado, está la sobrecarga subjetiva, es decir, el sentimiento psicológico que se asocia al hecho de cuidar y en concreto a la respuesta emocional ante dicha experiencia. 

Y por otro lado, existe la sobrecarga objetiva, que son las propias tareas de cuidado que debe asumir la persona cuidadora y las dificultades a las que tiene que hacer frente.

De aquí viene el estrés primario, es decir, las consecuencias de cuidar, como perder relaciones sociales, la dependencia, etc. Y el estrés secundario, en forma de consecuencias indirectas, como los problemas laborales, legales y económicos a raíz de estos cuidados.

A nivel psicológico, las tres dimensiones más frecuentes entre las personas cuidadoras son las somatizaciones, la depresión y la ansiedad.

Síndrome del cuidador quemado: cómo afrontarlo y encontrar apoyo

La dedicación y la exigencia intensiva que implica cuidar a un ser querido tiene, siempre, un impacto significativo en la salud física y emocional del cuidador. 

De esta forma, el síndrome del cuidador quemado se manifiesta a través de una serie de síntomas que incluyen:

  • Falta de energía y cansancio constante
  • Problemas de sueño
  • Cambios en el apetito y el peso
  • Dolores físicos
  • Irritabilidad y cambios de humor
  • Niveles elevados de estrés, ansiedad y depresión
  • Sentimientos de culpa y aislamiento
  • Pérdida de interés en actividades previamente disfrutadas

El riesgo de experimentar estos síntomas aumenta dependiendo de varios factores, como la edad y el estado de salud del paciente, la colaboración de otros miembros de la familia, la situación económica o el nivel de educación del cuidador.

Consejos para los cuidadores

Para prevenir o aliviar el estrés del cuidador, es fundamental tomar medidas que promuevan el bienestar físico y emocional. 

Al cuidar de sí mismo, podrá brindar una mejor atención a su ser querido y encontrar más satisfacción en su rol como cuidador. 

Estas son algunas formas de autocuidado:

  • Educarse sobre el cuidado adecuado: Aprovecha las clases y recursos disponibles en hospitales u organizaciones locales para aprender cómo brindar el mejor cuidado posible a tu ser querido. Conocer técnicas y estrategias puede reducir la ansiedad y mejorar la eficacia del cuidado.
  • Buscar recursos comunitarios: Explora los servicios de guardería para adultos o programas de relevo en tu comunidad. Estos servicios pueden proporcionarte un respiro necesario para descansar y recargar energías.
  • Pedir y aceptar ayuda: No tengas miedo de pedir ayuda a amigos, familiares u otros seres queridos. Haz una lista de tareas en las que otros puedan colaborar y permite que elijan cómo pueden contribuir. Aceptar ayuda no solo alivia tu carga, sino que también permite que otros se sientan útiles y conectados.
  • Participar en grupos de apoyo: Únete a un grupo de apoyo para cuidadores para compartir experiencias, obtener consejos útiles y recibir apoyo emocional de personas que comprenden tus desafíos.
  • Organizar y establecer rutinas y límites: Mantén una agenda organizada y establece rutinas diarias para hacer que el cuidado sea más manejable y predecible. Esto puede ayudar a reducir la sensación de abrumamiento y proporcionar estructura en tu vida diaria.
  • Mantenerse conectado socialmente: Mantén relaciones sociales saludables con familiares y amigos para obtener apoyo emocional y evitar sentirte aislado. El contacto regular con personas que se preocupan por ti es reconfortante y revitalizante.
  • Cuidar tu propia salud: Prioriza tu bienestar físico haciendo ejercicio regularmente, comiendo alimentos saludables y descansando lo suficiente. No descuides tu atención médica personal; programe chequeos regulares y exámenes de salud para mantenerse en óptimas condiciones.
  • Considera tomarte un tiempo de descanso: Si te sientes abrumado, considera tomarte unas vacaciones. Es importante que el cuidador encuentre tiempo para descansar y relajarse, incluso si es solo unos minutos al día.

Recuerda que cuidar de ti no es un acto de egoísmo, sino una parte fundamental de ser un cuidador efectivo y compasivo. Al priorizar tu bienestar, estarás en una mejor posición para brindar el cuidado y la atención que tu ser querido necesita.

Consejos para los cuidadores de personas con demencia

Aquí os dejamos también algunas recomendaciones específicas sobre cómo interactuar con personas que tienen demencia:

  • Manejar conversaciones delicadas: Si la persona pregunta por alguien fallecido, evita insistir en el fallecimiento. Esto puede causar agitación y ansiedad al revivir el duelo. Es mejor responder con amabilidad, diciendo que la persona está ocupada o fuera de casa.
  • Dar tiempo y espacio: Permite que la persona tenga el tiempo necesario para responder o realizar una tarea. Evita hacer sentir prisa, ya que esto genera confusión y ansiedad.
  • Paciencia con las repeticiones: Es común que la persona repita las mismas preguntas o demandas una y otra vez. En lugar de frustrarte, ten paciencia y responde amablemente tantas veces como sea necesario.
  • Evitar provocar ansiedad: No utilices frases que impliquen que la persona debería recordar algo, ya que esto puede generar nerviosismo. En su lugar, narra los eventos en primera persona para ayudar a la persona a conectar con la experiencia.
  • No infantilizar: Trata a la persona con respeto y dignidad, evitando hablarle de manera condescendiente o tratarla como a un niño. Reconoce su autonomía y valía como individuo. Principio del formulario

Ayudas, apoyo y dependencia

No todos estamos preparados para cuidar de un familiar mayor, ni disponemos del tiempo o los recursos económicos necesarios para hacerlo.

Las ayudas por tener una persona mayor a cargo del cuidado o para la contratación de un servicio de asistencia domiciliaria, funcionan como un apoyo para familiares y cuidadores no profesionales que necesitan respaldo económico y asistencial en circunstancias complicadas.

En este caso, al hablar de ayudas nos referimos a dos cosas: 

  • Los servicios de ayuda a domicilio para personas mayores.
  • Las ayudas económicas para cuidadores no profesionales por tener a una persona mayor a cargo.

De todo ello os hablamos largo y tendido en este post del blog sobre la Ley de Dependencia en España.

Como conclusión, es importante reconocer que el cuidado de un familiar afecta significativamente la salud y el bienestar del cuidador, especialmente en el caso de las mujeres. Por ello, es imprescindible que los cuidadores reconozcan la importancia de su propio autocuidado para mitigar estos impactos negativos en su salud y bienestar.


Guía para promover el envejecimiento activo

El envejecimiento activo es un proceso de optimización del bienestar físico, social y mental a medida que crecemos y nos hacemos mayores.

Aunque en este artículo vamos a conocer más detalladamente qué es el envejecimiento activo, podríamos definirlo en pocas palabras como adoptar un estilo de vida saludable y participar en actividades que promuevan la salud y la participación social. Sus beneficios van desde una mayor esperanza y calidad de vida a una mejor salud física y mental.

¿Qué es el envejecimiento activo?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que es un proceso de optimización del bienestar físico, social y mental a medida que envejecemos.

Así, se trata de mantener un estilo de vida saludable y una actitud positiva hacia el envejecimiento, de manera que se pueda disfrutar de una vida plena y satisfactoria durante la vejez.

La idea del envejecimiento activo surgió en la década de 1980 de mano de la Organización Mundial de la Salud (OMS) quien define este concepto como "el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen".

El objetivo del envejecimiento activo está claro: maximizar la capacidad de las personas mayores para participar en la sociedad y disfrutar de una vida plena y saludable.

Los pilares del envejecimiento activo

Desde El Cel de Rubí siempre recalcamos, tanto a nuestros residentes como a sus familiares, la importancia de mantener la capacidad funcional y la independencia a medida que pasan los años.

Para ello, trabajamos el físico y la mente, cuidamos de la salud y prevenimos las enfermedades con toda una serie de medidas que engloban varias esferas de nuestra vida: la actividad, la alimentación, el descanso, principalmente.

Actividad física regular

La actividad física regular puede mejorar la función cardiovascular, respiratoria, musculoesquelética y metabólica. Todo esto contribuye a una mejor calidad de vida y una disminución del riesgo de enfermedades crónicas.

Aunque el estado de salud de cada persona condiciona el nivel de actividad que puede llevar a cabo, es importante mantener, por lo menos, unos niveles mínimos.

Para las personas mayores, se recomienda realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana: caminar, nadar, hacer yoga, taichi, y levantamiento de pesas ligero. En el Cel de Rubí, cada mañana empezamos el día con 45 minutos de gimnasia dirigida con nuestra fisioterapeuta.

mano de persona mayor con pelota de deporte
Foto de Matthias Zomer

Alimentación saludable

Mantener una alimentación sana y equilibrada ayuda a que la salud de los adultos mayores mejore considerablemente.

Así, una dieta saludable puede ayudar a prevenir enfermedades crónicas y a mantener un peso saludable. Se recomienda una dieta rica en frutas, verduras, proteínas magras y granos enteros.

También es importante limitar el consumo de alimentos procesados y grasas saturadas, así como evitar el exceso de sal y azúcar.

En nuestro centro contamos con menús balanceados, cocina propia con elaboración casera.

Mantenimiento de la salud mental y social

Las actividades sociales y el apoyo emocional pueden ayudar a prevenir la depresión y la ansiedad.

Además, el aprendizaje y la participación en actividades intelectuales pueden mantener la mente activa y prevenir el deterioro cognitivo.

Ya sea mediante ejercicios de memoria, reuniones sociales, lectura, educación continua, estimulación lingüística, acertijos, problemas matemáticos u otros juegos, es importante mantener activa la mente de nuestros mayores para evitar el deterioro cognitivo.

A nivel social, en la tercera edad también es vital mantener buenas relaciones con los familiares y los amigos. Se trata de una forma de garantizar el bienestar de nuestros mayores que ganan en confianza, seguridad, empatía y autoestima.

Prevención de enfermedades

Las personas mayores deben tener un control regular de la presión arterial, el colesterol y la glucemia.

Asimismo, es importante vacunarse contra la gripe, covid19 y la neumonía para prevenir enfermedades respiratorias y deben realizar revisiones de la vista y la audición para detectar y tratar problemas de forma temprana.

Descanso adecuado

Cuando dormimos el cuerpo se carga de la energía necesaria para hacer frente al nuevo día. Se recomienda dormir unas 8 horas y hacer pequeñas siestas cuando se siente cansancio. Esto ayudará a que el mayor se sienta fresco y enérgico.

envejecimiento-activo-descanso
Foto de RDNE Stock project

¿Cuáles son los beneficios del envejecimiento activo?

El envejecimiento activo tiene numerosos beneficios para la salud física, mental y social, entre los que destacan:

  • Mayor esperanza de vida: Un estudio encontró que las personas mayores que participan en actividades sociales, realizan ejercicio físico regular y tienen una dieta saludable pueden aumentar su esperanza de vida en hasta 5 años.
  • Tasas más bajas de mortalidad, cardiopatía coronaria e hipertensión.
  • Mejora en las funciones cardiorespiratorias y musculares, así como en masa y composición corporal.
  • Mejora la salud física: Al mantener un estilo de vida saludable, como hacer ejercicio regularmente y tener una dieta equilibrada, se puede reducir el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión y la enfermedad cardiovascular. También puede ayudar a mantener la movilidad, la independencia y la capacidad para realizar actividades diarias.
  • Mejora la salud mental: Participar en actividades sociales y mantener la actividad mental pueden reducir el riesgo de depresión, ansiedad y otras enfermedades mentales. Además, el envejecimiento activo puede ayudar a mantener la autoestima y la confianza en uno mismo, y la mejor conservación de las funciones cognitivas.
  • Mejora en la salud ósea y menor riesgo de caídas.
  • Menor riesgo de limitaciones funcionales moderadas y graves.
  • Mejor calidad del sueño.
  • Ayuda a mantener un peso saludable y controla el estrés.
  • Favorece la socialización.
  • Mejora la calidad de vida: Al mantener un estilo de vida saludable, participar en actividades sociales y mantenerse activo mentalmente, se puede disfrutar de una vida más plena y satisfactoria. Esto puede incluir viajar, pasar tiempo con la familia y los amigos, realizar actividades recreativas y disfrutar de pasatiempos y actividades que se disfruten.

¿Qué sucede si no hay envejecimiento activo?

Ahora que conocemos sus beneficios, también es importante entender que no adoptar un estilo de vida saludable y no participar en actividades que promuevan el envejecimiento activo puede tener consecuencias negativas para la salud física, mental y social de las personas mayores.

Podemos mencionar principalmente 3 riesgos de no llevar un estilo de vida activo y sano:

1. Mayor riesgo de enfermedades crónicas

No adoptar un estilo de vida saludable puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión y la enfermedad cardiovascular.

Esto puede limitar la capacidad de las personas mayores para realizar actividades diarias y disminuir su calidad de vida.

2. Aislamiento y soledad

La falta de participación en actividades sociales puede llevar a la soledad y el aislamiento social, lo que puede tener un impacto negativo en la salud mental y emocional de las personas mayores.

3. Pérdida de la independencia

No mantener la salud física y mental puede llevar a la pérdida de la independencia y la capacidad de realizar actividades diarias. Esto puede limitar la capacidad de las personas mayores para vivir de forma independiente y puede requerir la asistencia de cuidadores y familiares.

Con todas las pautas que has leído en este artículo no solo conoces un poco sobre la filosofía de envejecimiento activo que adoptamos en El Cel de Rubí, también has adquirido un conocimiento básico para poner en marcha este tipo de estilo de vida si eres una persona mayor o promoverlo entre tus familiares o parientes ancianos.


Qué hacer ante la caída de una persona mayor

Las caídas son uno de los riesgos más comunes para las personas mayores. De hecho, son muy frecuentes y están consideradas un problema de salud pública, especialmente en países como España con una población mayoritariamente envejecida.

La mayoría de las caídas ocurren cuando personas mayores con una o más discapacidad física que afecta a la movilidad o el equilibrio se encuentran ante un peligro en su entorno.

Si hablamos del entorno en el que se producen las caídas, lo más habitual es que tengan lugar en el hogar, principalmente en el baño, la cocina y los dormitorios. Las escaleras son también otro peligroso punto generador de caídas.

Causas de las caídas

Con la edad, surgen problemas relacionados con la pérdida de las funciones motoras que influyen en la capacidad de movimiento de la persona.

Dicha falta de movimiento puede derivar en una limitación a la hora de realizar las actividades de la vida diaria, así como llegar a ocasionar accidentes relacionados con caídas o lesiones que pueden afectar en la independencia y confianza de la persona.

Por lo general, las caídas pueden ser causadas por discapacidades físicas que limitan la movilidad o el equilibrio, riesgos del entorno o situaciones potencialmente peligrosas.

En cuanto a la frecuencia, se sabe alrededor de un tercio de los mayores que viven en casa se caen, por lo menos, una vez al año, y cerca de la mitad de los que viven en una residencia también.

En suma, las principales causas de las caídas de personas mayores son:

  • Falta de equilibrio o alteraciones de la marcha.
  • Disminución de la masa muscular.
  • Disminución de las capacidades cognitivas.
  • Problemas de tensión arterial o frecuencias cardíacas.

Posibles consecuencias

Desgraciadamente, a menudo las caídas pueden tener graves consecuencias para la salud de una persona mayor. Desde fracturas a incapacidades funcionales pasando por traumatismo cranoencefálico (TCE), pérdida de independencia o incluso la muerte.

Es crucial que cualquier persona, y en nuestro caso particular todo el personal de la residencia, sepa cómo responder de manera adecuada ante una situación de este tipo. Por ello, es necesario minimizar su incidencia y saber cómo actuar en todo momento.

 

¿Cómo actuar ante la caída de una persona mayor?

Desde El Cel Rubí, fruto de nuestra experiencia y del día a día en la residencia, hemos recopilado algunos consejos imprescindibles para manejar una caída de un anciano.

1.     Evaluar la situación

Lo primero que debemos hacer en caso de que una persona mayor se caiga es evaluar la situación. Hay que asegurarse de que la persona esté consciente y respirando adecuadamente. Si la persona no responde, es preciso llamar a un profesional médico de inmediato.

Así, en toda actuación inmediata se valorará el grado de conciencia, si tienes vómitos o sangrados y los tipos de dolor. De no haber dolor poco a poco le ayudaremos a levantarse, y si lo hay, u otra situación de riesgo, le colocaremos en postura de seguridad y llamaremos al 112.

2.     Mantener la calma

Es importante mantener la calma ante una situación de emergencia.

Lo primero es tratar de tranquilizar a la persona y asegurarnos de que se sienta cómoda. Si hay dolor, debemos evitar mover a la persona y posicionar la cabeza hacia un lado para que pueda respirar correctamente. Si no hay dolor, debemos intentar incorporarle muy lentamente, posicionando su cuerpo boca abajo apoyando las rodillas y los codos en el suelo.

Finalmente, con la ayuda de una silla u otro objeto firme, levantaremos al afectado apoyando sus manos con el objeto mientras sube lentamente. Al mismo tiempo nos situaremos detrás para dar apoyo y evitar que vuelva a caer.

3.     Llamar a un profesional médico

Si la persona se ha visto dañada por la caída, hay que llamar a un profesional médico de inmediato o al Servicio de Emergencia 112. Si la persona no puede moverse, recuerda no moverla y espera a que llegue la ayuda médica.

Además, a la hora de ayudar a levantarla, nunca debemos tirar de sus brazos para hacerlo. Tampoco manipules, en ningún supuesto, su cabeza o cuello para lograr que se incorpore lo antes posible.

4.     Registrar los detalles de la caída

Saber cómo sucedió la caída, la ubicación o cualquier otro detalle que podamos recordar es importante para informar a los profesionales médicos y/o al personal de la residencia.

En cualquier caso, aunque la persona mayor que ha sufrido una caída se encuentre aparentemente bien, lo recomendable es trasladar a un centro sanitario para valoración.

Con una visita médica se podrá descartar cualquier tipo de lesión o realizar el tratamiento y observación en base a la lesión que la caída haya producido.

5.     Revisar la causa de la caída y hacer un seguimiento

En ocasiones puede ser necesario realizar una evaluación de seguridad para identificar posibles riesgos. En lo que al seguimiento se refiere, avisaremos a la familia tras registrar y elaborar un parte de la caída, nos comunicaremos con el médico de la residencia, y haremos observación posterior de signos de hematomas, posibles vómitos, retirar puntos de sutura, etc.

6.     Ofrecer apoyo emocional

Las caídas pueden ser traumáticas para las personas mayores, especialmente si han sufrido lesiones graves. Debemos ofrecer apoyo emocional a la persona y asegurarnos de que se sienta cómoda y segura.

¿Cuándo llamar a urgencias después de la caída de una persona mayor?

En los siguientes casos es necesario llamar a los servicios de emergencia antes de levantar al anciano:

  • Si pierde el conocimiento en algún momento o se encuentra desorientado.
  • Siente un dolor que no le permite moverse.
  • Está sangrando, por la herida que se ha hecho o bien por la nariz, boca u oídos.
  • Hay una fractura, herida o golpe importante visible
  • Vomita o tiene náuseas.
  • Respira con dificultad y tiene somnolencia.

La prevención de caídas

Además de saber cómo actuar cuando ya han sucedido, es importante tomar medidas de prevención de caídas en personas mayores.

¿Qué tipo de medidas?

Tenemos que asegurarnos de que la persona lleve el calzado adecuado (resistente y que permita una buena sujeción al tobillo), mantener el área alrededor de la persona libre de obstáculos, realizar evaluaciones de seguridad en la residencia o en el hogar, etc.

Pero la prevención va mucho más allá y tiene en cuenta otros factores determinantes, como los que mencionamos a continuación.

Capacitación del personal

En el caso de la residencia, es importante que todo el personal esté capacitado para prevenir caídas y para responder adecuadamente en caso de que se produzcan.

La capacitación incluye información sobre cómo identificar riesgos de caídas, cómo ayudar a las personas mayores a moverse con seguridad y cómo proporcionar primeros auxilios en caso de una caída.

Evaluaciones de seguridad

Las evaluaciones de seguridad incluyen identificación de obstáculos en el camino, la evaluación de la iluminación y la revisión de la seguridad de los muebles y otros objetos de la habitación.

Ejercicio regular

De cara a los propios residentes y/o personas mayores en general, el ejercicio regular ayuda a mantener la fuerza y la flexibilidad, lo que reduce el riesgo de caídas.

Cuidado con las gafas

Las lentes bifocales y multifocales pueden contribuir al peligro de caídas para las personas mayores ya que afectan a la percepción de la profundidad.

En este contexto, una buena iluminación es de gran ayuda para prevenir caídas al hacer que sea más fácil ver los obstáculos en el camino.

Ajuste de la medicación

Algunos medicamentos pueden aumentar el riesgo de caídas en las personas mayores. Es crucial revisar la medicación y hablar con el doctor de cabecera y los profesionales sanitarios si hay alguna preocupación sobre el riesgo de caídas asociado con la medicación.

Monitoreo regular

Monitorear regularmente a los residentes permite detectar cualquier cambio en su salud o movilidad que pueda aumentar el riesgo de caídas.

Eliminación de obstáculos

Hay que mantener las áreas comunes y las habitaciones libres de obstáculos, sin alfombras sueltas, con los cables eléctricos organizados, los objetos colocados en lugares adecuados para evitar tropiezos, etc.

Comunicación con los familiares

Desde El Cel de Rubí siempre insistimos en mantener una relación constante y abierta con los familiares de los residentes para ayudar a identificar preocupaciones, cambios en la salud de la persona mayor, saber de sus necesidades, etc.

Innovación tecnológica

La tecnología también se ha convertido en una herramienta útil para prevenir caída, gracias a dispositivos como sensores de movimiento o cámaras de vigilancia.

Adaptar el entorno

Adaptar el entorno a las necesidades de las personas mayores es una de las grandes claves de la prevención de caídas en mayores.

Esto atañe a la instalación de barras de apoyo en las duchas y baños, así como platos de ducha a nivel de suelo, con baldosas con relieve o láminas PVC.

La colocación de rampas y salvaescaleras en lugares donde haya escaleras también son relevantes. Además, tanto las sillas como los sofás y la cama deben tener una altura adecuada, no muy baja para que el anciano puede sentarse y levantarse con facilidad.

En la cocina se recomienda tener perfectamente organizados los utensilios, cuantos menos mejor, e instalar vitrocerámica.

En general, ya sea en la casa, piso o residencia, es necesario tener espacios amplios y abiertos, para evitar tropiezos y una fácil movilidad, deshacerse de muebles que no se usen, tener el suelo todo al mismo nivel y evitar el uso de alfombras. Todo ello son factores que nos ayudarán a evitar la caída de una persona mayor.