Memoria histórica: la importancia de preservar los relatos de nuestros mayores
La memoria histórica es el conjunto de recuerdos, vivencias, saberes y experiencias que una sociedad guarda y transmite a lo largo del tiempo.
Es el testimonio vivo de quienes han sido protagonistas de épocas pasadas, portadores de enseñanzas y guardianes de tradiciones.
En este contexto, los adultos mayores representan un verdadero tesoro humano: son la voz directa del pasado, la memoria encarnada de generaciones anteriores.
Preservar estos relatos no solo es un acto de justicia con quienes han vivido intensamente la historia, sino también una herramienta valiosa para comprender el presente y proyectar un futuro más consciente.
Y es precisamente en las residencias, así como en casales y los diferentes puntos de encuentro de nuestros mayores, donde más y mejor se propaga y fomenta la memoria histórica; donde más de habla de ella.
No en vano, los residentes tienen eso en común: comparten, cada uno en su contexto, una dilatada memoria histórica. Son lugares donde se da rienda suelta a su expresión y a la óptima conservación de los recuerdos.
La memoria histórica como patrimonio colectivo
La memoria histórica no es solo una cuestión académica o institucional; es un fenómeno cultural, emocional y humano.
Cada relato personal se entrelaza con otros para formar el tejido de la historia colectiva.
Cuando una persona mayor comparte cómo vivió una guerra, una dictadura, una migración o una transformación social, está ofreciendo una perspectiva única y enriquecedora que los libros de historia rara vez logran capturar en su totalidad.
Definiendo la memoria

Según Padín (2013), la memoria es un proceso mental complejo que permite registrar, guardar y recuperar experiencias, ideas y acciones.).
Permite desarrollar la capacidad de aprendizaje, y está implicada en la toma de decisiones, la resolución de problemas y en la capacidad de adaptación al ambiente.
La memoria puede clasificarse según distintas categorías, siendo una de las más utilizadas la siguiente: la memoria inmediata, la memoria reciente y la memoria remota (Psicopsi, s.f.).
Por otro lado, la memoria autobiográfica forma parte de la memoria remota y se refiere al recuerdo de la propia historia de vida del individuo (Padín, 2013).
Esta memoria está estrechamente ligada a la identidad personal (Vadillo-Melero, 2017) y contribuye a mantener la sensación de continuidad del yo.
El sentido de la memoria autobiográfica
En la vejez, la memoria autobiográfica adquiere un sentido especial, ya que es un elemento clave para el sentido de identidad, la regulación emocional, el desarrollo de relaciones interpersonales significativas y la estimulación de capacidades cognitivas.
Beneficios de preservar la memoria histórica
De esa manera, gracias a la preservación de los relatos de nuestros adultos mayores, podremos:
- Darle una continuidad a su identidad, teniendo en cuenta elementos que hayan sido importantes y significativos en su día a día, y permitiendo que pueda seguir reafirmando quién es. En el Cel de Rubí, recogemos la historia de vida de nuestros residentes, para poder incorporar dichos elementos en su rutina, acercándonos a una atención centrada en la persona. Esta historia de vida adquiere una significación especial cuando es narrada por la propia persona.
- Promover el bienestar emocional, a través de la regulación emocional, mediante la reminiscencia de aquellos recuerdos significativos para la persona. Conseguimos que conecten con su momento actual y experimenten sensación de familiaridad y de calma al recuperar recuerdos positivos.
- Fomentar la creación de una red social sólida, a través de lazos basados en la confianza y la empatía. Dicha red puede ser entre los propios residentes, el residente y sus familiares, o entre el residente y los cuidadores.
- Favorecer la estimulación cognitiva, trabajando funciones como la atención y concentración, el lenguaje, la escritura, y la propia memoria.
Cómo trabajar la memoria autobiográfica con adultos mayores
- Talleres de reminiscencia: Mediante elementos significativos para la persona (fotografías u objetos relacionados con su historia de vida) se busca facilitar la recuperación y evocación de recuerdos vinculados a su propia historia de vida.
- Meditación guiada: A través de un profesional o de la escucha/visualización de un audio/vídeo, en un entorno tranquilo, se guía al adulto mayor oralmente para que se imagine y recupere de nuevo recuerdos de su historia de vida.
- Talleres de memoria a través de la escritura: La construcción del relato vital mediante la recuperación y evocación de recuerdos de forma escrita. Se puede realizar a nivel global (como si se tratase de una línea de vida) o atendiendo a momentos concretos. Es decir, que el adulto mayor realice un resumen de su propia historia vital completa o que describa y recuerde momentos específicos de esta.
Preservar los relatos de vida de los residentes
Más específicamente, a través de la escritura o el relato oral, se pueden idear dinámicas que permitan preservar los relatos de vida de nuestros residentes.
Sin ir más lejos, en el Cel Rubí hemos diseñado un programa de entrevistas para compartir la memoria histórica, similar a un programa de televisión, tratando temas concretos relacionados con la memoria histórica y con otra multitud de temas, fomentando la recuperación de estos recuerdos e historias.
Igualmente, algunos ejemplos concretos, y basándose en lo dicho anteriormente, podrían ser:
Dividir la historia de vida en etapas significativas
Trabajar cada una de ellas en una sesión distinta. Por ejemplo, ya sea en pequeño grupo o de manera individual, abordar dichos momentos significativos.
Se puede realizar a nivel de etapa evolutiva (una sesión para la infancia, otra para la juventud, otra para la edad adulta, y otra para la vejez) o a nivel de situaciones específicas (el día de la boda, el día de nacimiento de los hijos/as, un día en el trabajo, las vacaciones de verano, la jubilación…).
Promover el relato a través de un objeto/fotografía
Se trata de escribir o narrar dicho momento vital a través de la visualización de algún objeto significativo o de fotografías antiguas.
Aquí son especialmente relevante las festividades a nivel sociocultural, como la Diada del 11 de septiembre, el Día de la Constitución (6 de diciembre), Sant Jordi cada 23 de abril, etc.
Se realizan preguntas que estimulen el recuerdo de la propia historia vital. De manera adicional, se podrían recoger todos aquellos objetos significativos/fotografías importantes y guardarlas en un baúl/caja para poder acceder a ellos en cualquier momento. En la caja, también podrían guardarse olores significativos para la persona y una lista de canciones importantes para ella.
Incentivar el recuerdo de lugares significativos del residente
En un primer momento, se investiga sobre cuáles eran las ciudades y pueblos donde pasaron un tiempo de vida significativo los/las residentes.
En segundo lugar, se buscan imágenes de aquellos lugares y se le muestran al residente, buscando que explique/redacte qué recuerdos le despiertan.
Por ejemplo, organizamos el visionado de reportajes de sus respectivos pueblos o de lugares donde estuvieron y ya no pueden visitar.
Se puede realizar en papel, con un dispositivo electrónico y a través de su proyección en alguna pantalla más grande. De igual manera, se le realizan preguntas concretas al residente para que pueda recuperar dichos recuerdos.
Cabe recalcar que, además del propio beneficio personal para los y las residentes, el hecho de preservar los relatos de los adultos mayores contribuye a enriquecer el conocimiento social e histórico de la sociedad.
¿Qué pasa si se descuida la memoria histórica?
Cuando se ignora o desvaloriza la memoria histórica de los mayores, se pierden múltiples dimensiones:
Pérdida cultural
Se pierden canciones, recetas, palabras, costumbres, creencias que forman parte del alma de una comunidad. La historia oficial no basta para preservar estas expresiones.
Pérdida de identidad
Tanto individual como colectiva. Los mayores pueden sentir que su vida no tiene sentido si nadie quiere escucharla. Y las nuevas generaciones crecen sin raíces, sin comprender las luchas y logros de sus antepasados.
Aumento del edadismo
No escuchar a los mayores refuerza estereotipos negativos sobre la vejez, como que ya no tienen nada útil que decir, que su tiempo ya pasó. Esto aumenta el riesgo de discriminación y abandono.
Empobrecimiento del presente
Sin memoria no hay aprendizaje. Al olvidar el pasado, repetimos errores, desconocemos el valor de lo logrado y perdemos la oportunidad de construir un futuro más sabio.
Una inversión en humanidad
Preservar la memoria histórica a través de los relatos de nuestros mayores no es solo un deber ético: es una inversión en humanidad.
Es reconocer que cada persona es portadora de una historia que merece ser escuchada, valorada y transmitida.
En las residencias geriátricas, donde el tiempo parece ralentizarse y las vidas se encuentran en sus capítulos finales, hay un universo de sabiduría esperando ser compartido.
Basta con ofrecer escucha, tiempo y respeto.
Fomentar la memoria histórica en estos espacios no requiere grandes recursos, sino una mirada sensible que entienda que cada anciano es, en sí mismo, un archivo viviente de humanidad.
Escuchar sus voces es construir una sociedad más justa, más empática y más sabia.
Referencias
Padín, G. A. (2013). La memoria: concepto, funcionamiento y anomalías. Cuadernos del Tomás, 5, 177-190. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4462486.pdf
Psicopsi. (s.f.). Concepto de memoria (Memoria inmediata, Memoria reciente, Memoria remota) - Psicopsi. https://www.psicopsi.com/concepto-memoria-inmediata-reciente-remota/#google_vignette
Vadillo-Melero, A. (2017). La memoria autobiográfica y la influencia de la cultura en su desarrollo. http://tauja.ujaen.es/bitstream/10953.1/6113/1/Vadillo_Melero_Alexandra__TFG_Psicologia.pdf
El tesoro de la amistad en la tercera edad
En el transcurso de la vida, la amistad es un pilar fundamental del bienestar emocional. Sin embargo, en la tercera edad, este vínculo adquiere una nueva dimensión, a menudo subestimada.
Tras la jubilación, la pérdida de seres queridos o los cambios en la estructura familiar, las personas mayores pueden sentirse solas o aisladas.
Por ello, es en este contexto cuando la amistad se convierte en un verdadero tesoro, un bálsamo que aporta sentido, alegría y salud.
Desde el Cel de Rubí queremos recordar con este post cómo la amistad en la tercera edad representa una oportunidad para nuevas conexiones sociales, el papel crucial de los centros residenciales y los múltiples beneficios que ofrecen estas relaciones tanto a nivel físico como emocional.
Amistades que fortalecen el alma
A medida que avanzamos en la vida, cambian nuestras rutinas, nuestras prioridades, incluso nuestra salud.
Sin embargo, hay algo la amistad conserva su valor.
En la tercera edad, los vínculos afectivos entre amigos juegan un papel esencial en el bienestar físico, emocional y social de los mayores.
Las amistades no solo son compañía, sino que también son fuente de alegría, consuelo y sentido de pertenencia.
Compartir momentos, reír juntos, recordar historias o simplemente sentarse a conversar, ayuda a combatir la soledad y el aislamiento.
En residencias y centros de día como el nuestro, vemos a diario cómo un gesto de cariño o una conversación puede transformar el ánimo de las personas mayores.
El valor transformador de la amistad en la tercera edad
La tercera edad, lejos de ser un cierre, puede ser una etapa de renovación.
La libertad que viene con la jubilación y la madurez emocional permiten a muchas personas redescubrir sus intereses, compartir experiencias con más autenticidad y establecer relaciones profundas y significativas.
Así, la amistad en esta etapa no se limita al simple hecho de tener compañía.
Es una vía de comunicación y afecto que estimula la mente, fortalece la autoestima y otorga sentido a la vida diaria.
Además, estas amistades tienden a ser más seleccionadas y basadas en afinidades reales, libres de presiones sociales o laborales.
Para muchas personas mayores, es también una forma de superar pérdidas o duelos, permitiéndoles reconstruir su red de apoyo emocional.
Lejos de lo que algunos piensan, nunca es tarde para hacer nuevos amigos o reavivar antiguas conexiones.
5 obstáculos comunes que debemos salvar
Pese a los beneficios de la amistad, existen barreras que dificultan la socialización en la tercera edad:
- Movilidad reducida: Enfermedades físicas o limitaciones de movilidad pueden dificultar la asistencia a actividades sociales.
- Pérdida de amigos o pareja: La muerte de seres queridos deja un vacío emocional y social difícil de llenar.
- Falta de espacios de encuentro: La ausencia de lugares accesibles y adaptados para socializar es un obstáculo importante.
- Miedo o vergüenza: Algunas personas mayores pueden sentir inseguridad al iniciar nuevas relaciones, especialmente si llevan años sin hacerlo.
- Brecha tecnológica: En un mundo digitalizado, la falta de habilidades tecnológicas puede limitar el acceso a nuevas formas de comunicación social.
A pesar de estas barreras, existen soluciones efectivas que permiten a las personas mayores volver a conectarse.
Entre ellas, los centros para mayores juegan un papel esencial.
Beneficios comprobados: la amistad como medicina
Numerosos estudios científicos avalan los efectos positivos de las relaciones sociales en la salud de las personas mayores.
La amistad actúa como una medicina natural que mejora notablemente la calidad de vida.
Por ello, es importante conocer los distintos beneficios que garantizan estos ligámenes:
Beneficios emocionales
- Reducción de la depresión y la ansiedad: Sentirse escuchado, comprendido y acompañado disminuye significativamente los síntomas depresivos.
- Mejora de la autoestima: La validación de los otros refuerza el valor personal y la identidad.
- Mayor sentido de propósito: Las amistades dan una razón para levantarse cada día y participar activamente en la vida.
- Apoyo en momentos difíciles: Tener alguien con quien hablar en momentos de tristeza o preocupación ayuda a gestionar mejor las emociones.
Beneficios cognitivos
- Estimulación mental: Conversaciones, juegos y debates fomentan el pensamiento crítico y la memoria.
- Prevención del deterioro cognitivo: La interacción regular se asocia con un menor riesgo de enfermedades como el Alzheimer.
Beneficios físicos
- Mayor longevidad: Estudios demuestran que las personas mayores con redes sociales activas viven más tiempo.
- Mejor salud cardiovascular: Las emociones positivas asociadas a la amistad disminuyen la presión arterial y reducen el estrés.
- Fomento de hábitos saludables: Compartir actividades deportivas o alimentarse en grupo promueve estilos de vida más saludables.
En resumen, las grandes ventajas que encontramos en mantener relaciones de amistad en la vejez son:
✔ Reducir el riesgo de depresión y ansiedad
✔ Estimular la memoria y las capacidades cognitivas
✔ Aumentar la autoestima y el sentido de utilidad
✔ Favorecer hábitos saludables como una alimentación equilibrada o la práctica de ejercicio
Además, las amistades pueden actuar como una red de apoyo emocional en momentos difíciles, ofreciendo comprensión y consuelo cuando más se necesita.
Los centros como espacios de encuentro
Los centros de día, asociaciones de mayores y espacios comunitarios se han convertido en verdaderos oasis para la socialización en la vejez.
Proporcionan actividades recreativas, cuidados básicos y fomentan una red de apoyo social que puede ser transformadora.
En el Cel de Rubí, fomentamos espacios para que estas relaciones florezcan.
En concreto, organizamos talleres grupales, actividades recreativas, celebraciones y también contamos con espacios comunes para el diálogo y el encuentro.
Nuestro compromiso es cuidar y crear comunidad.
Buscamos generar ambientes seguros y adaptados, programar actividades, eventos sociales y culturales, ofrecer apoyo emocional y psicológico y finalmente apostar por la implicación comunitaria con participación activa.
Una oportunidad para nuevas conexiones
Muchas personas encuentran en la tercera edad una oportunidad para redescubrir el valor del otro, con la madurez y la sabiduría que dan los años.
Porque aunque el cuerpo envejezca, el corazón siempre tiene edad para la amistad.
Nunca es tarde para hacer amigos.
Nunca es tarde para abrirse al afecto y al encuentro con el otro.
Cómo fomentar la amistad en la tercera edad
Si bien los centros de encuentro y las residencias de tercera edad son claves, también es importante adoptar una actitud proactiva.
Estas son algunas sugerencias para fomentar la amistad:
- Participar en actividades comunitarias o centros de día.
- Tomar la iniciativa para hablar con otras personas.
- Reavivar viejas amistades mediante llamadas o encuentros.
- Aceptar invitaciones y abrirse a nuevas experiencias.
- Utilizar la tecnología de forma sencilla para comunicarse (videollamadas, grupos de WhatsApp).
- Practicar la escucha activa y mostrar interés genuino por los demás.
Las amistades, como las plantas, necesitan cuidado, atención y tiempo.
Afortunadamente, los frutos que ofrecen son abundantes y dulces.
La amistad en la tercera edad no solo es posible, sino que puede ser más auténtica, profunda y transformadora que en otras etapas de la vida.
En un momento donde el tiempo adquiere otro valor y las prioridades cambian.
Asi, los vínculos afectivos se vuelven esenciales para el bienestar integral.
Apostar por espacios de encuentro, integración y desarrollo personal nos lleva a redescubrir el tesoro de la amistad en la vejez. No solo como una posibilidad, sino como un derecho y una necesidad.
Es una oportunidad para crecer, para sanar y para seguir construyendo lazos que enriquezcan la vida.
El Consejo de Participación: construyendo nuestra residencia entre todos
En las residencias de mayores, fomentar la participación activa de los residentes mediante los Consejos de Participación es absolutamente clave para garantizar su bienestar y calidad de vida.
En El Cel de Rubí creemos que un buen centro no solo se define por sus instalaciones o sus servicios, sino también por la capacidad que tiene de escuchar, adaptarse y mejorar constantemente.
Y esa mejora solo es posible cuando damos voz a todas las personas que forman parte del día a día: residentes, familias y trabajadores.
Por eso, una vez al año, organizamos con mucho cuidado y dedicación el Consejo de Participación, un espacio de diálogo donde entre todos analizamos, valoramos y proponemos acciones que repercutan de forma positiva en la vida del centro.
Estos Consejos de Participación se han consolidado como la mejor herramienta para empoderar a nuestros mayores, permitiéndoles influir en las decisiones que afectan su día a día.
¿Qué son los Consejos de Participación?
Estos consejos tienen su origen en normativas como la Ley Autonómica 12/2007 de Servicios Sociales, que establece la necesidad de procesos de participación democrática en centros que prestan servicios sociales, especialmente aquellos que reciben financiación pública.
Así, estamos ante unos órganos consultivos y deliberativos cuya finalidad es hablar con sinceridad sobre cómo va el día a día del centro.
Se trata de crear un espacio seguro y abierto donde los residentes puedan expresar sus opiniones, inquietudes, sugerencias y preocupaciones sobre la vida en la residencia.
Además de nuestros mayores, también participan familiares, profesionales del centro y, en algunos casos, representantes de la administración pública, fomentando así la colaboración y la toma de decisiones conjuntas.
Así, nos planteamos y debatimos entre todos sobre cuestiones como: ¿qué cosas han funcionado bien? ¿qué aspectos podrían mejorar? o ¿qué nuevas actividades o dinámicas se pueden plantear de cara al futuro?
¿Cómo funcionan los Consejos de Participación?
Aunque varía según la institución, el funcionamiento de los Consejos de Participación suele tener una estructura común, sencilla y lógica:
- Composición: Hay representantes de los residentes, familiares, dirección del centro y profesionales como trabajadores sociales.
- Elección de miembros: Se establecen mecanismos para garantizar elecciones transparentes y representativas.
- Reuniones periódicas: Se celebran reuniones regularmente para abordar temas relevantes para la comunidad residente.
- Temas tratados: Se discuten aspectos como la calidad de la atención, programación de actividades, alimentación, limpieza, uso de zonas comunes y convivencia.

¿Qué temas abordamos en el Consejo de Participación en El Cel Rubí?
Al inicio de estas reuniones siempre revisamos el acta del último Consejo, es decir, el resumen de lo que se acordó en la última reunión.
Esto nos permite ver si se han cumplido los compromisos adquiridos, si se ha avanzado en los objetivos marcados y qué puntos siguen pendientes o pueden retomarse.
Después, se abre una ronda de intervenciones donde cada grupo puede hablar de temas que considera importantes. Solemos centrarnos en aspectos como los siguientes:
- Actividades nuevas que se pueden incorporar en el centro o en el centro de día.
- Cambios en la organización, en horarios, espacios comunes o dinámicas internas.
- Mejoras en la comunicación entre el centro y las familias.
- Opiniones sobre la atención, la convivencia, la alimentación o los servicios en general.
- Propuestas concretas para mejorar la calidad de vida de los residentes.
Intentamos que sea una reunión donde todo el mundo se sienta escuchado, respetado y valorado.
Tomamos nota de todo lo que se comenta y, una vez finalizado, redactamos una nueva acta con los acuerdos y propuestas, que servirá como hoja de ruta para la siguiente reunión.
Para nuestra residencia, la reunión anual del Consejo de Participación se ha implementado como una herramienta para empoderar a nuestros residentes.
Su participación fortalece la comunidad y promueve un ambiente de colaboración y respeto y, al mismo tiempo, fomenta un sentido de pertenencia y mejora la calidad de los servicios.

¿Cómo se organiza en El Cel de Rubí?
Unas semanas antes de celebrar el Consejo de Participación, enviamos un comunicado a todas las familias, a los usuarios y a las trabajadoras informando que pronto se llevará a cabo el Consejo de Participación.
En ese escrito explicamos en qué consiste y animamos a quien tenga interés en participar a que se apunte.
Sabemos que muchas personas tienen ganas de implicarse, así que si en alguno de los tres grupos (familiares, trabajadores o residentes) hay más de dos personas interesadas, organizamos una votación interna, sencilla y transparente, para elegir quiénes serán los dos representantes de cada colectivo.
De esta forma garantizamos que todas las voces estén representadas, pero también que la reunión se pueda gestionar de forma ordenada y efectiva.
Una vez tenemos a los participantes, enviamos la convocatoria oficial con el día, la hora y el lugar donde se celebrará la reunión.
Esta convocatoria también se remite a la Generalitat de Catalunya y al Ayuntamiento de Rubí, cumpliendo con el protocolo establecido para este tipo de órganos participativos.
Beneficios de los Consejos de Participación
Contar con un Consejo de Participación en residencias de mayores ofrece múltiples ventajas. Por nuestra experiencia, estas son las más destacadas:
- Empoderamiento: Los residentes se sienten escuchados y valorados, lo que mejora su autoestima y bienestar emocional.
- Mejora de servicios: Las sugerencias y opiniones de los residentes contribuyen a la mejora continua de los servicios ofrecidos.
- Fortalecimiento de la comunidad: La participación activa fomenta un ambiente de colaboración y respeto mutuo.
- Transparencia: Las decisiones se toman de manera abierta y participativa, lo que aumenta la confianza en la gestión del centro.
Un compromiso real con la participación
Para nosotros, el Consejo de Participación no es un mero trámite.
Es una herramienta muy valiosa para trabajar en equipo, fortalecer vínculos y seguir creciendo como centro. Cada año salen ideas, mejoras y propuestas que posteriormente se llevan a cabo, y eso marca una gran diferencia.
Aprovechar y poner en práctica estos consejos refleja un compromiso con una atención centrada en la persona y una gestión transparente y colaborativa.
Porque sabemos que escuchar a nuestros mayores y contar con su opinión es lo que nos permite seguir ofreciendo una atención centrada en las personas y en su bienestar.
Cómo fomentar la lectura y el intercambio cultural en residencias de mayores
La creación de clubes de lectura y actividades literarias para la tercera edad es imprescindible a la hora de fomentar la lectura y el intercambio cultural en las residencias de mayores.
Envejecer no significa dejar de aprender, disfrutar o descubrir nuevas historias.
Muy al contrario, nuestros mayores tienen un bagaje cultural inmenso y una necesidad natural de seguir conectados con el mundo.
En las residencias de ancianos fomentar la lectura y el intercambio cultural no solo es posible, sino que puede convertirse en un verdadero motor de felicidad.
El bienestar de nuestros mayores es una prioridad, y una de las formas más efectivas de mejorar su calidad de vida es ofrecerles actividades que estimulen su mente, su creatividad y sus conexiones sociales.
Entre estas actividades, la lectura y el intercambio cultural juegan un papel fundamental.
Por ello, desde el Cel Rubí te contamos cómo los clubes de lectura, las actividades literarias y los espacios de diálogo pueden transformar la vida en las residencias.
¿Por qué fomentar la lectura en las residencias?
La lectura no es solo un pasatiempo: es una herramienta poderosa para mantener el cerebro activo, estimular emociones, generar conversaciones y fortalecer la identidad personal.
En el caso de las personas mayores, leer:
- Ejercita la memoria y la concentración. Les ayuda a mantener agudas las capacidades cognitivas, lo que puede retrasar el deterioro mental.
- Reduce el estrés y la ansiedad. Perderse en una buena historia relaja y mejora el estado de ánimo.
- Favorece el sueño. Leer antes de dormir ayuda a desconectar del ruido del día a día.
- Fortalece el sentido de pertenencia. Especialmente cuando se comparte en grupo.
Y si a esto le sumamos el intercambio cultural, el efecto es aún mayor: las personas se sienten escuchadas, valoradas y parte de una comunidad viva.
El valor del intercambio cultural
Los clubes de lectura son LA herramienta, en mayúsculas, del intercambio cultural dentro de una residencia.
¿Hay más opciones? Por supuesto, pero esta es sin duda una de las mejores.
Fomentar el diálogo cultural en las residencias va más allá de leer libros. Es abrir la ventana al mundo, a otras formas de ver la vida y de expresarse.
Un club de lectura no solo proporciona acceso a nuevos libros, sino que también promueve el intercambio cultural.
Con todo ello, logramos:
- Explorar diferentes culturas: La literatura permite conocer otras realidades y comprender diferentes perspectivas. Esto ayuda a los mayores a mantenerse conectados con el mundo global y a enriquecer su visión del entorno.
- Fomentar el respeto por la diversidad: Al leer historias de diversas culturas, los participantes desarrollan una mayor empatía y comprensión hacia personas de diferentes orígenes, lo que fomenta un ambiente más inclusivo y respetuoso.
- Enriquecer el diálogo entre distintas edades: Si bien los clubes de lectura suelen estar formados por adultos mayores, también pueden ser abiertos a otros grupos de edad. El intercambio de ideas entre generaciones permite la creación de un espacio dinámico y enriquecedor para nuestros residentes.
Estos espacios ayudan a romper estereotipos, abrir la mente y descubrir que siempre hay algo nuevo por aprender, sin importar la edad.
4 beneficios de la lectura en los adultos mayores
Numerosos estudios señalan los efectos positivos de las actividades literarias en la tercera edad. Hablamos tanto de beneficios psicológicos, sociales como emocionales.
Algunos de los más destacados son:
- Estimulación cognitiva: La lectura activa funciones como la atención, el lenguaje, la memoria y la capacidad de abstracción. Así, leer mantiene la mente activa, ayudando a prevenir el deterioro cognitivo y diferentes enfermedades asociadas con la edad.
- Mejora del estado de ánimo: Sentirse activo y útil reduce la depresión y la apatía. La lectura mejora el bienestar emocional de los mayores, al proporcionarles la oportunidad de disfrutar de historias que les emocionen, les hagan reír o les conecten con recuerdos felices.
- Aumento de la autoestima. Compartir ideas y recuerdos refuerza la identidad y el reconocimiento personal.
- Desarrollo de habilidades sociales: Los clubes de lectura fomentan la interacción entre los participantes. Se crean amistades, se mejoran las relaciones y disminuye la sensación de soledad.
Además, muchas veces estos espacios se convierten en el “corazón” de la residencia: donde se ríe, se llora, se canta y se recuerda con cariño.
4 recomendaciones para crear un club de lectura para mayores
Un club de lectura en una residencia de mayores no tiene por qué parecerse al de una biblioteca tradicional. Aquí, lo importante no es analizar la obra en profundidad, sino disfrutarla, compartir lo que evoca y dejar que surjan historias propias.
Organizar y crear un nuevo club de lectura, o remozar el ya existente, es muy sencillo. Solo hay que seguir algunos pasos clave, como pueden ser:
- Elegir libros adecuados: Los libros seleccionados deben ser apropiados para la edad y los intereses de los participantes. Es importante ofrecer una variedad de géneros (novelas, poesía, biografías, libros de historia) y asegurarse de que los textos sean accesibles en cuanto a lenguaje y longitud (y mejor si la letra es grande).
- Establecer un ambiente cómodo y acogedor: Crear un espacio cómodo donde los participantes se sientan libres de expresar sus opiniones y compartir sus puntos de vista.
- Facilitar la discusión y permitir que cada miembro comparta sus pensamientos.
- Incluir actividades complementarias: Además de la lectura, puedes organizar actividades relacionadas con los libros, como representaciones teatrales, o incluso exposiciones sobre los temas tratados en los libros.
¿Cómo funciona un club de lectura para mayores?
Una vez creado, su funcionamiento también es muy simple. Se suele contar con:
- Lecturas adaptadas. Se eligen textos accesibles, breves, con letra grande y temas cercanos.
- Sesiones semanales o quincenales. En encuentros de una hora, se leen fragmentos (en voz alta si es necesario) y se conversa sobre ellos.
- Moderadores con sensibilidad. Un terapeuta ocupacional, cuidador o voluntario con gusto por la lectura puede dinamizar la actividad.
- Participación libre. No hace falta que todos lean; también pueden simplemente escuchar y compartir ideas.
Temas que enganchan
Los libros que más disfrutan los mayores suelen ser relatos costumbristas o históricos, novelas con personajes entrañables o situaciones de la vida cotidiana, biografías de figuras conocidas o poemas o canciones populares.
También funciona muy bien leer periódicos antiguos, recortes de revistas o cuentos que les recuerden su juventud.

5 actividades literarias que despiertan recuerdos
Más allá del club de lectura, existen otras formas de acercar la literatura a la vida diaria en una residencia.
¿Cuáles podemos aplicar fácilmente?
1. Taller de escritura de memorias
Invitar a los residentes a escribir sus recuerdos, anécdotas o historias de infancia puede ser profundamente terapéutico.
No se trata de escribir “bien”, sino de expresarse.
2. Tertulias literarias temáticas
Un día al mes, se puede organizar una tertulia en torno a un autor, un poema o incluso una canción popular. Por ejemplo: “La España de Machado”, “Amor y desamor en la literatura” o “Los cuentos que nos contaban de niños”.
3. Lectura en voz alta con música
Combinar la lectura de poemas con música en directo (guitarra, piano, violín) genera una experiencia sensorial única. Ideal para personas con deterioro cognitivo leve o avanzado.
4. Juegos de palabras y cuentos encadenados
Perfecto para ejercitar la creatividad de forma divertida: cada residente aporta una frase a una historia, o se juega a adivinar palabras relacionadas con un tema (como un “rosco” literario).
5. Intercambio intergeneracional
Invitar a niños, adolescentes o jóvenes voluntarios a leer cuentos a los mayores o a escuchar sus relatos genera vínculos hermosos.
El respeto mutuo crece y se fomenta la transmisión oral de saberes.
Propuestas innovadoras para llevar a cabo
En el Cel Rubí buscamos innovar con algunas iniciativas creativas que ya están funcionando en distintas partes del mundo y que son muy adaptables.
Entre ellas, destacan los audiolibros. ¿Qué sucede cuando, por la edad o por determinadas condiciones, no se puede leer con regularidad? Es en estos casos cuando optamos por audiolibros. Desde hace años, contamos con varios usuarios que los utilizan para continuar con la lectura en su vida, representando una excelente opción y que cada vez gana más adeptos.
Tanto en el presente como de cara al futuro, siempre es interesante contar con otras actividades relacionadas como una biblioteca móvil dentro de la residencia, con carros que recorren habitaciones con libros personalizados para cada residente, o un podcast intergeneracional, para grabar a los mayores contando historias o comentando libros, junto con jóvenes o voluntarios.
Y por supuesto, lectura con animales, pues algunas asociaciones llevan perros de terapia durante sesiones de lectura, lo que relaja y motiva.
O bien un “libro humano”, es decir, que cada residente puede ser “prestado” como un libro viviente, contando su historia a quien quiera “leerla”.
¿Quién puede ayudar?
Implementar estas actividades no siempre requiere grandes recursos. Podemos contar con:
- Voluntarios amantes de la lectura.
- Personal de la residencia con formación básica en animación cultural.
- Bibliotecas municipales que colaboren con libros o actividades.
- Familias que donen materiales o participen.
- Centros educativos que promuevan encuentros entre generaciones.
Leer para vivir mejor
Envejecer con dignidad implica seguir sintiéndose parte activa de la cultura y del mundo.
Promover la lectura y el intercambio cultural en las residencias de ancianos es una forma preciosa y poderosa de lograrlo.
No se trata solo de libros, sino de vínculos, recuerdos, emoción y vida compartida.
Así que, si formas parte de una residencia, como es nuestro caso, si tienes familiares mayores, o si simplemente quieres aportar algo valioso a tu comunidad, piensa en esto: un libro abierto puede ser una puerta a la alegría.
Paseos y actividades al aire libre para los mayores: beneficios de conectar con la naturaleza
El envejecimiento es una etapa de la vida que merece ser disfrutada plenamente y tomada como un envejecimiento activo.
Una de las mejores maneras de lograrlo es a través de las actividades al aire libre, es decir, de la conexión con la naturaleza y los lugares que nos rodean, de salir del hogar habitual y diario.
La realización de actividades al aire libre y paseos en otros entornos es placentera y conlleva una serie de beneficios para la salud física y mental de las personas mayores.
Es importante recalcar que la movilidad es fundamental para mantener una calidad de vida óptima, y este principio es aplicable a todas las edades y condiciones físicas. Sin embargo, es crucial adaptar cualquier actividad física a las necesidades individuales de cada persona.
Además, los beneficios de mantenerse activo son integrales: la evidencia científica respalda que el ejercicio y las actividades físicas contribuyen positivamente al estado de ánimo.
En definitiva, participar en estas actividades en grupo añade un componente valioso, proporcionando compañía y apoyo emocional, especialmente para las personas mayores.

¿Qué objetivos tienen las actividades al aire libre para personas mayores?
Dentro de los propósitos que buscamos en El Cel Rubí en relación con las actividades al aire libre, fundamentados en las prácticas de terapia ocupacional con nuestros residentes, ponemos en valor los siguientes objetivos.
Mantenimiento de la movilidad articular global
Fomentar ejercicios que preserven y mejoren la movilidad de todas las articulaciones, contribuyendo así al bienestar físico integral de los participantes.
Desarrollo y conservación de habilidades diarias
Incrementar y/o conservar las habilidades y destrezas necesarias para las actividades cotidianas, trabajando en pro de la autonomía de los individuos.
Mejora de coordinación, resistencia y condiciones cardiorrespiratorias
Implementar actividades que apunten a la mejora y cuidado de la coordinación, resistencia y salud cardiorrespiratoria, fortaleciendo aspectos clave para el bienestar físico.
Prevención del sedentarismo y estímulo de la conexión social
Combatir el sedentarismo mediante la participación activa en actividades al aire libre, fomentando la interacción entre los residentes y fortaleciendo los lazos sociales.
Promoción de un uso positivo del tiempo libre
Ofrecer actividades al aire libre diseñadas específicamente para personas mayores, con el propósito de promover el disfrute y la utilización positiva del tiempo libre, contribuyendo a una experiencia más enriquecedora y satisfactoria.
Actividades al aire libre en nuestra residencia
Desde la residencia del Cel de Rubí contamos con un amplio programa de actividades al aire libre, modificados y adaptados en cada caso dependiendo de la época del año, los grupos y las posibilidades de cada uno de nuestros residentes.
Así, en nuestra terraza, destacan actividades de psicomotricidad, como petanca o juegos con pelotas. Mientras, en la piscina planteamos unos retos divertidos para ‘pescar’ unos muñecos y remojar los pies.
Además de los juegos de mesa como el ajedrez o el dominó, también apostamos por la estimulación cognitiva, con juegos más grupales como el ahorcado con la pizarra o de preguntas.
Fuera ya de nuestra residencia, especialmente en época de primavera/verano, organizamos excursiones a la playa o al exterior para tomar café. También hacemos salidas grupales con familiares para pasear.
Tipos de actividades al aire libre para personas mayores

¿Cuáles son las actividades al aire libre para personas mayores más habituales? Entre ellas destacamos:
- Paseos por la naturaleza: Caminatas suaves por senderos naturales y excursiones a parques locales o jardines botánicos.
- Jardinería terapéutica: Plantar y cuidar flores o vegetales o crear espacios de jardín accesibles para todos.
- Observación de aves o colocación de comederos para aves en áreas comunes.
- Yoga al aire libre, con clases adaptadas a las necesidades de los mayores en parques o jardines. El yoga mejora enormemente la calidad de vida porque activa los músculos y, a la vez, los relaja. Practicarlo al aire libre aumenta la calma que aporta este ejercicio, reduciendo dolores musculares y crónicos, la ansiedad o la pérdida de memoria, mejorando el sueño, etc.
- Arte al aire libre y actividades creativas en entornos naturales.
- Picnics y eventos sociales: Organización de comidas al aire libre y eventos especiales para fortalecer la comunidad.
- Programas de educación ambiental: Charlas y actividades que fomenten la comprensión y aprecio por la naturaleza.
- Gimnasia para personas mayores: Para conservar la movilidad y recuperar parte de la que se ha perdido, hacer gimnasia con ejercicios de movilidad adaptada a la persona mayores nos ayuda a reducir el estrés, la depresión y la ansiedad, aumentar la autoestima y la vitamina D en nuestro cuerpo y regular el sistema inmunológico.
El control de las actividades
Lógicamente, este tipo de actividades deben estar mínimamente planificadas, ya que si bien no existen ‘peligros’ asociados, sí debemos valorar las posibles condiciones climáticas, llevando protección solar y ropa adecuada; que sean accesibles, garantizando la accesibilidad a los lugares seleccionados, especialmente para personas con movilidad reducida; y por supuesto, mantener la supervisión adecuada durante las actividades.
Los beneficios de las actividades al aire libre para los mayores
La mejora de la salud física, el fomento del bienestar mental, la socialización, el impulso de los vínculos interpersonales y la estimulación cognitiva son los grandes beneficios que podemos observar al realizar este tipo de actividades.

Otras ventajas son:
- mejora la circulación sanguínea
- despeja la mente
- Favorece mantener un peso ideal, que es diferente en cada persona
- ayuda a dormir mejor
- ralentiza el deterioro cognitivo.
En suma, los paseos al aire libre promueven la actividad física, lo que contribuye a mantener la salud cardiovascular y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.
Además, la exposición al sol facilita la síntesis de vitamina D, esencial para la salud ósea y el sistema inmunológico.
A su vez, la naturaleza tiene un efecto terapéutico en la mente, reduciendo el estrés, la ansiedad y la depresión. Sin olvidar que la estimulación sensorial proporcionada por la naturaleza promueve la relajación y la mejora del estado de ánimo.
Las actividades al aire libre también fomentan la interacción social, fortaleciendo los lazos afectivos entre los mayores y sus compañeros. No en vano, compartir experiencias en entornos naturales crea recuerdos significativos y promueve un sentido de pertenencia.

Finalmente, la exposición a entornos naturales ofrece una variedad de estímulos visuales y auditivos que pueden ayudar a mantener la agudeza cognitiva.
En resumen, las mejores actividades para personas mayores al aire libre son aquellas que incorporan ejercicios suaves y ayudan a mejorar su salud sin hacer un sobreesfuerzo.
Relaciones Intergeneracionales: fortaleciendo nuestro tejido social
Una parte esencial de la vida humana. Así podemos definir a las relaciones intergeneracionales. Esas conexiones que se establecen entre personas de diferentes edades y generaciones y desempeñan un rol vital en la construcción de sociedades más cohesionadas y enriquecedoras.
Las relaciones intergeneracionales se basan en la comunicación y la comprensión mutua entre personas de diferentes grupos de edad y, para que sean positivas, es importante que exista una apertura a la diversidad de experiencias y perspectivas de cada generación.
¿Qué son las relaciones intergeneracionales?
Son las conexiones que se establecen entre individuos de diferentes grupos de edad, generalmente entre personas mayores y jóvenes.
Estas relaciones se dan a diario en diversos entornos, como el familiar, el comunitario, el educativo y el laboral. Sin embargo, hay que ir al núcleo de la cuestión, a descifrar cómo estas relaciones modifican nuestra visión de la vida.
Es decir, lo más destacado no es el componente de la edad sino el de la experiencia.
Por tanto, ¿qué distingue a estas relaciones?
La oportunidad de intercambio, aprendizaje y apoyo mutuo entre generaciones.
Se produce aquí una respuesta bidireccional, pues los beneficios de las relaciones intergeneracionales funcionan en un doble sentido. Por un lado, subrayan la importancia de las personas mayores en la sociedad, y por otro lado avalan el impacto positivo de nuestros mayores sobre las generaciones más jóvenes.
Las relaciones intergeneracionales pueden tomar muchas formas, desde la interacción diaria entre abuelos y nietos hasta programas formales de mentoría en los que los más ancianos comparten sus experiencias con los más jóvenes.
En cualquier caso, el amor, el respeto, la amistad o la necesidad de cuidado y apoyo son conceptos muy presentes.
Los beneficios de las relaciones intergeneracionales

Independientemente de la forma que tomen, estas relaciones intergeneracionales favorecen a todos por igual.
La diferencia de edad no es un impedimento para la comprensión, el diálogo y el aprendizaje.
A nivel genérico, el trato entre generaciones rompe barreras y estereotipos, aumenta el respeto entre generaciones al ver al otro como un igual y supone un enriquecimiento mutuo, el refuerzo de la unidad familiar y comunitaria…
Veamos ahora los beneficios más en detalle según la edad.
Beneficios para las personas mayores
Al relacionarse con personas más jóvenes a través de diferentes actividades, los más ancianos:
- Aprenden y mantienen el cerebro activo y un buen estado cognitivo.
- Se sienten más útiles y se acelera el envejecimiento activo.
- Ganan en autoestima y autoconfianza.
- Disminuyen los pensamientos negativos y la sensación de soledad.
- Ven cómo aumenta la red de apoyo y disminuye el sentimiento de soledad.
- Potencian el envejecimiento activo y el sentido de propósito en la vida.
- Disfrutan del estado de abuelo, es decir, tienen todos los beneficios y alegrías de la paternidad sin inconvenientes.
Beneficios para los más jóvenes
Para ellos se produce un:
- Gran aprendizaje de experiencias de vida y conocimientos que pueden aprovechar.
- Desarrollo de habilidades sociales como la empatía, la paciencia y la escucha activa.
- El traspaso de valores y tradiciones de primera mano.
- Se reduce la estigmatización de la vejez y se rompen mitos y prejuicios.
Un impacto positivo para siempre
¿Por qué dar por hecho el desinterés de los jóvenes por la importancia de las personas mayores en la sociedad? ¿Por qué creer que en la vejez se mira a las nuevas generaciones mayoritariamente con recelo o desconfianza?
Cuando se promueve la participación social de las personas mayores, se ponen en valor sus aportaciones y los jóvenes son más capaces de asimilar los aspectos positivos de hacerse mayores y de compartir esas experiencias.
Esas relaciones sociales con personas de otra edad generan en ambos casos un ambiente optimista, con ilusiones renovadas, nuevos retos y un sentimiento de integración y comprensión.
Grandes retos por delante

A pesar de las ventajas de las relaciones intergeneracionales, también pueden presentarse obstáculos comunes.
El más lógico es la diferencia generacional que hay que salvar, puesto que las diferencias en valores, creencias y estilos de vida pueden dar pie a malentendidos e incluso conflictos. La clave aquí está clara: una comunicación abierta y la empatía.
La brecha tecnológica también puede dificultar la comunicación y la interacción entre generaciones. La paciencia y el apoyo son fundamentales para superar esta barrera y que las personas mayores no se sientan abrumadas por la tecnología.
Por supuesto, también hay que poner un contrapeso cuando las expectativas de una de las partes pueden ser desiguales en tiempo, atención o compromiso en la relación.
¿Cómo fomentar estas relaciones? A continuación veremos algunos ejemplos como actividades compartidas, pero siempre a partir de la construcción de un puente intergeneracional para facilitar el entendimiento y el apoyo mutuo.
Actividades para fortalecer las relaciones intergeneracionales
Las actividades que fortalecen las relaciones intergeneracionales son de lo más variopinto y deben adaptarse a las preferencias y necesidades de las personas involucradas.
En El Cel de Rubí somos muy conscientes de ello. Es por eso que en nuestro centro desarrollamos las siguientes actividades intergeneracionales:
- Actividades en Sant Jordi: Intercambio de puntos de libros y rosas con diferentes institutos de Rubí.
- Cantar ‘Nadales’: en navidad acuden diferentes grupos de edades (guardería e infantil) a cantar Nadales y los abuelos preparan el coro de navidad e intercambian versiones y postales navideñas.
- Proyecto de rendimiento físico: Proyecto donde estudiantes del módulo de rendimiento físico de Terrassa vienen a realizar clases al centro con y para nuestros mayores.
- Servicio comunitario de Institutos de Secundaria: Diversos colegios e institutos de Secundaria realizan proyectos intergeneracionales en nuestro centro. Cada año conjuntamente con los colegios/institutos diseñamos una serie de proyectos que los alumnos desarrollan en el centro.
- Proyectos junto al Instituto la Serreta: Colaboraciones con estudiantes del Grado Superior de Atención a las Personas donde preparan actividades en carnaval, Sant Jordi, navidad, etc.
- Salidas al exterior con participación de familiares: Durante junio y julio, los jueves por la tarde se crean grupos de salidas al parque de Can Oriol, a merendar, días de playa…
- La fiesta de las familias: Comida que se realiza en el centro en mayo, donde participan todas las familias de los usuarios y se conocen, se relacionan y se realiza una gran fiesta.
- Visita al colegio Creanova de Sant Cugat: Nuestros abuelos realizaron diferentes talleres y enseñan a los más pequeños a plantar plantas y a jugar al dominó.
Además, estamos ultimando los detalles del futuro proyecto de "Solidaridad y juegos intergeneracionales", que se implantará en el curso 23-24.
En definitiva, fomentar la comprensión y el respeto mutuo entre generaciones es la llave para potenciar las relaciones intergeneracionales.
Sin duda, son un activo muy valioso en nuestra sociedad.
Conectan a personas de diferentes edades, generaciones y eras, permitiendo un intercambio de experiencias, apoyo mutuo y enriquecimiento personal.
Así, a medida que reconocemos y fomentamos la importancia de las relaciones intergeneracionales, podemos construir comunidades más fuertes y cohesionadas. Unas conexiones que enriquecen nuestras vidas y nos ayudan a aprender, crecer y prosperar en un mundo diverso y en constante evolución.
Mejorando la capacidad cognitiva con actividades en la sala multisensorial
En el Cel de Rubí venimos apostando por un nuevo proyecto de actividad en la sala multisensorial para mejorar la capacidad cognitiva.
Se trata de un juego de lo más entretenido para nuestros mayores: el trabajo de construcción con Lego, es decir, trabajar a nivel psicológico la elaboración de figuras 3D de construcción a partir de imágenes 2D.
Todo ello forma parte, además, del programa de actividades de El Cel de Rubí.
Como veremos en este artículo, estos ejercicios funcionan muy bien para estimular la capacidad cognitiva.
Trabajando las capacidades cognitivas
Las capacidades cognitivas son funciones mentales y habilidades que permiten a una persona procesar, entender, recordar y utilizar la información que recibe del entorno.
Estas capacidades juegan un papel fundamental en el pensamiento, el aprendizaje, la resolución de problemas y la toma de decisiones. Abarcan una amplia gama de funciones mentales que trabajan juntas para procesar la información y desempeñar diversas tareas cognitivas.
Concretamente, a través de estos ejercicios con LEGO y de estimulación sensorial, se trabajan varias capacidades cognitivas como son:
- La capacidad atencional y de concentración. El estar pendientes de qué pieza se corresponde con la figura o el hecho de ser conscientes de que piezas ya han sido seleccionadas estimula la capacidad de focalización en un estímulo.
- La memoria reciente e inmediata. Nos permite saber qué piezas hemos colocado ya y cuáles son las siguientes a elegir.
- La socialización y el ocio. Como trabajamos de forma grupal, favorecemos los lazos relacionales entre los y las diferentes usuarios/as. Durante la construcción, surgen conversaciones sobre lo que se está llevando a cabo o sobre otros aspectos que recuerdan. La socialización y el espacio de ocio son componentes muy importantes para llevar a cabo un envejecimiento activo.
Y es que con el trabajo de la capacidad cognitiva, se progresa en el trabajo sobre la atención, la concentración, la memoria, el razonamiento lógico, resolver problemas y a mayor velocidad, la percepción visual y espacial y las habilidades motoras, la creatividad o las habilidades sociales, entre otros elementos.
Estas capacidades cognitivas trabajan juntas y se complementan para permitir un funcionamiento mental eficiente y adaptativo en diversas situaciones y contextos. Por ello, mantenerlas a lo largo de la vida es esencial para un envejecimiento saludable y para mantener una mente activa y comprometida.
En esto también son determinantes las praxias.
¿Qué son las praxias?
Las praxias hacen referencia a un proceso neurológico donde se llevan a cabo una serie de acciones de movimientos de forma voluntaria para llevar a cabo un fin.
Es decir, son habilidades motoras y cognitivas que permiten planificar, organizar y ejecutar acciones y movimientos precisos y coordinados para realizar tareas específicas. Estas habilidades están relacionadas con la capacidad del cerebro para planificar y llevar a cabo acciones motrices complejas, como vestirse, comer, cepillarse los dientes, escribir, manipular objetos, entre otras.
En el caso que nos ocupa, la construcción de figuras, estamos trabajando las praxias visoconstructivas o visuoespaciales. Estas se corresponden con la capacidad de ejecutar una serie de movimientos en específico para organizar ciertos elementos en un espacio concreto (Maragall, s.f.).
Existen otros tipos de praxias, cada una enfocada en una función particular:
- Ideomotoras: Implican la capacidad de realizar movimientos en respuesta a una orden verbal o mental.
- Ideatorias: Involucran la planificación y ejecución de secuencias de movimientos.
- Oromotoras: Son habilidades relacionadas con la coordinación de los músculos orales y faciales para realizar movimientos como hablar, masticar, tragar, etc.

¿Cómo estimular la capacidad cognitiva?
Contamos con numerosas herramientas para estimular la capacidad cognitiva de nuestros mayores en El Cel de Rubí, con el objetivo de mantener su mente activa y mejorar su calidad de vida.
Son actividades que además son extrapolables más allá de nuestros centros.
Todo empieza con las actividades cognitivas propiamente, es decir, acciones que desafíen y estimulen el cerebro, como rompecabezas, crucigramas, sudokus, juegos de memoria, juegos de palabras y juegos de estrategia.
A ello podemos añadir actividades creativas y de expresión artística, como la pintura, la escultura, la escritura, la música y la danza.
Con clases y talleres también se mantiene la mente activa, al igual que con el ejercicio físico regular – mejor aún si son al aire libre-.
Y hay que destacar especialmente la terapia ocupacional. En el Cel Rubí contamos con terapeutas ocupacionales para diseñar actividades personalizadas que aborden las necesidades individuales de los residentes, incluidas las actividades que mantengan sus habilidades motoras y cognitivas.
Por supuesto, los juegos de mesa y grupos sociales, la reminiscencia (compartir sus historias de vida, recuerdos y experiencias), y contar siempre con una óptima alimentación, es fundamental.
Como también lo es la estimulación multisensorial, de la que ya os hemos hablado largo y tendido.
Básicamente consiste en diseñar espacios que estimulen los sentidos a través de colores, texturas, aromas y sonidos agradables. Y es que la estimulación multisensorial puede mejorar el estado de ánimo y la cognición.
En este caso, es necesario ahondar en las virtudes de la intervención mediante la estimulación multisensorial o Snoezelen. Estos espacios son salas adaptadas con material ya preparado para proporcionar experiencias sensoriales diversas.
Lo que perseguimos es lograr un ambiente de estimulación facilitando la exploración, el descubrimiento y el disfrute de diferentes experiencias sensoriales. Un “despertar sensorial”.

Beneficios de la estimulación cognitiva
La estimulación cognitiva en los ancianos ofrece una serie de ventajas y beneficios que contribuyen a mejorar su calidad de vida y su funcionamiento mental.
Algunos de estos beneficios (NeuronUP, 2022) aluden a la promoción de la autonomía y la autoestima, ralentizar el deterioro cognitivo… Veamos cuáles son los más destacados:
- Mantener las habilidades cognitivas y fortalecer las habilidades mentales como la memoria, la atención, el razonamiento y la resolución de problemas. Esto ayuda a retrasar el declive cognitivo asociado con el envejecimiento.
- Prevenir el deterioro cognitivo, reduciendo el riesgo de desarrollar trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer y la demencia.
- Mejorar la concentración y la atención y una mayor estimulación neuronal y plasticidad cerebral.
- Mejorar el estado de ánimo y reducir los sentimientos de ansiedad y depresión.
- Fomentar la socialización, la interacción social y el compromiso emocional para prevenir el aislamiento social y aumentar la autoestima.
- Retrasar el avance de enfermedades neurodegenerativas y promover su independencia.
En resumen, la estimulación cognitiva en nuestros mayores supone una serie de beneficios que abarcan desde el mantenimiento de habilidades mentales hasta la promoción de la salud emocional y el bienestar general. Por ello, para maximizar estos beneficios, en el Cel Rubi diseñamos programas de estimulación cognitiva adecuados a las necesidades individuales y preferencias de cada persona.
Referencias
- Maragall, F. P. (s. f.). Praxias: ¿Qué son y cómo estimular estas capacidades cognitivas?
- (2022, 13 septiembre). Beneficios de la estimulación cognitiva en personas mayores.
Las ventajas de las residencias para personas mayores
La mayoría de las familias considera que la residencia es la mejor opción para sus mayores por los beneficios que implica respecto a vivir en el domicilio personal.
Aunque todavía hay ciertos estigmas, el uso de residencias sigue siendo la principal alternativa para el cuidado de nuestros mayores. Primero por su salud y cuidado personal y diario, y después por las facilidades que supone para familias en las que no se dispone del tiempo o espacio suficiente para sus cuidados, ya que seguramente necesiten unos cuidados más específicos, profesionales y continuos.
Está claro que no hay nada como el amor y el cariño de un ser querido y el hogar propio. Desde El Cel Rubí sabemos que todavía cuesta entender que no disponer de tiempo para atender a las personas mayores y hacerse cargo es complicado con trabajo y la vida ajetreada de hoy en día, por lo que estar en un centro de día o residencia presenta numerosas ventajas.
En las residencias se satisfacen todas las necesidades de atención y sobre todo de forma profesional, hay tiempo libre y ocio, se tiene atendida la parte médica y social, se participa en las actividades, hay terapias ocupacionales… Y esto no es baladí: por la inercia social de España, y también como consecuencia de los estragos de la Covid-19, hay un mayor número de personas mayores que viven solas. Precisamente, durante la pandemia muchas de ellas se quedaron solas en sus hogares y quizá con déficit de atención, especialmente del tan necesario contacto social.

Las personas de más de 65 años que viven solas, en cifras
En España, se ha duplicado el número de personas mayores de 65 años en menos de 30 años, y supone el 18,5% de nuestra sociedad. Se estima que en los próximos 30 años las personas mayores de 65 años estarán por encima del 30% de la población -casi 13 millones-, siendo hoy por hoy España el país más envejecido del mundo.
En nuestro país, actualmente, 4.849.900 de personas viven solas. De esas casi cinco millones de personas, el 43 % tiene más de 65 años, y de ellas, siete de cada 10 son mujeres. Así, hay 1,5 millones de mujeres mayores de 65 años que viven solas frente a los 620.400 hombres.
Es decir: según los datos del INE en 2021, el 10,2% de la población en nuestro país vive en solitario, y casi la mitad son personas mayores de 65 años. Y lo que es más alarmante: según las previsiones del Instituto Nacional de Estadística en su Proyección de Hogares 2020 – 2035, la cifra irá aumentando hasta los 5,8 millones en 2035.
Por tanto, ha habido un incremento exponencial del 6% de hogares (130.000) en los que vive solo una persona, en apenas un año. Unos datos que cobran especial relevancia tras la pandemia de Covid-19. Como consecuencia del coronavirus, el número de personas que viven solas se incrementó un 2,0% en 2020 (respecto a 2019).
Dicho de otra forma: en 1 de cada 10 viviendas en España habita una persona mayor sola. Por comunidades autónomas, Cataluña es la región con más mayores viviendo solos, seguida de Andalucía y Madrid.
Además, y por grupo de edad, los hogares unipersonales de personas de 65 y más años aumentaron un 6,1% en 2020. De hecho, más de 850.000 viven solas y tienen 80 o más años. Unos datos que reflejan que las personas ancianas son cada vez más… y viven más solas.
El hecho de cada vez más personas mayores vivan solas en sus casas en España apareja unos riesgos importantes desde el punto de vista sanitario o de seguridad.
Esta situación puede conllevar diversos problemas. Más allá de posibles fallos en la toma de medicamentos, caídas no atendidas, etc. están las propias consecuencias negativas de la soledad, como la falta de atención o depresión, lo que reduce la calidad y esperanza de vida de nuestros mayores.
Ventajas de vivir en una residencia
Las residencias para mayores son centros abiertos que acogen a personas que, por lo general, sobrepasan los 65 años, siendo el perfil mayoritario de quienes entran a vivir en ellas los mayores de 80 años. Habitualmente, acuden personas con algún tipo de dependencia que les imposibilita vivir de manera autónoma, o que pueden valerse por sí mismos pero que, por varias circunstancias, no es factible que residan en su propia casa o que vivan junto a algún familiar, pariente o amigo. Sea como sea, las residencias son lugares muy adecuados para que vivan las personas mayores, sean o no sean dependientes.
Al respecto, algunas de las principales ventajas de vivir en una residencia para mayores son:
- Disponen de personal cualificado y atención médica continuada. Tener personal sanitario todos los días de la semana y en cualquier momento es una garantía de seguridad y de salud.
- Las residencias suelen estar adaptadas para atender todos los niveles de dependencia y patologías que afectan a las personas mayores. Los residentes no están limitados para desplazarse, y los espacios están perfectamente adaptados para sillas de ruedas. Así, los aseos y las duchas son anchas y los pasillos están libres de cualquier obstáculo.
- Servicios como seguimiento de sus prescripciones médicas, atención sociológica y psicológica, rehabilitación muscular o vigilancia.
- La estancia también puede ser temporal y regresar al domicilio familiar cuando se desee.
- Los menús diarios para personas mayores, adaptados a sus necesidades y gustos, es otro de los valores a tener en cuenta.
- Las residencias son casas grandes donde viven muchas personas, son una gran familia, pueden disfrutar de tiempo fuera con sus familiares y de las atenciones profesionales que brinda el personal del centro, y sobre todo mucho cariño.

La importancia de la socialización
Si hay una característica que define a las residencias de personas mayores y que mejora ostensiblemente su calidad de vida es la socialización. De entrada, en una residencia se está rodeados de personas en situaciones similares, por lo que resulta muy sencillo poder socializar.
Acompañados y supervisados por el personal del centro, nuestros mayores cuentan con la compañía de los demás residentes para conversar y compartir el tiempo y el ocio. Alejar la soledad es crucial para el bienestar personal.
Más allá de poder recibir todas las visitas de familiares y amigos que deseen, como si estuvieran en su propio hogar, el hecho de poder charlar y realizar actividades compartidas a diario permite que los mayores mantengan su autonomía, se sientan útiles, estén activos y estimulen la mente, lo que ayuda a prevenir y controlar la demencia. Una patología que, como es sabido, afecta de forma especial a este colectivo.
Por ello, en El Cel Rubí contamos con un amplio programa de actividades ocupacionales y culturales. Hablamos de talleres de costura y de cocina, visionado de documentales y debates, bingo, etcétera. Disponemos de actividades en paralelo para poder ofrecer distintos talleres según los gustos de los usuarios, somos un centro ‘vivo’ que evoluciona con quienes residen en él.
Por ejemplo, cada mes se celebra el cumpleaños de los residentes tanto con los demás como con la familia. Y cada año se celebra precisamente la fiesta de la familia, en la que los parientes se incorporan a la dinámica del centro y se realiza una comida festiva. Realizamos también terapias sensoriales en el espacio Snoezelen, usamos gamas de realidad virtualidad para fomentar la reminiscencia, y de forma voluntaria, para fomentar la autoestima y el sentirse útil, quienes lo deseen pueden ayudar a la hora de poner la mesa, doblar toallas y baberos, etc.
También contamos con un programa donde los residentes pueden, acompañados de otros familiares y voluntarios, acceder a sitios particulares del barrio, recordar vivencias pasadas y sentirse identificados. Además, hay encuentros intergeneracionales con algunas escuelas, talleres solidarios donde se realizan productos artesanales para venderlos y destinar los beneficios a proyectos sociales de su elección.
Las residencias no somos un parking de sillas de ruedas
Si algo nos ha enseñado esta pandemia, es el daño que puede causar el aislamiento social.
Hoy en día hay mucha gente que vive sola. Sin embargo, salen a trabajar, quedan con sus amigos, hacen viajes… Pero, ¿qué ha pasado cuando estas personas se han encontrado todo el día aisladas en casa sin poder socializar? Se han dado cuenta de que vivir solas cobra otra dimensión.
Pues en España, un país notablemente envejecido, hay muchísimas personas mayores para las que ese es su día a día. Nadie con quien hablar, ningún sitio a donde ir, exceptuando algunas visitas puntuales de familiares o, con suerte, una persona que las ayuda.
Datos en Catalunya:
| Actualmente |
| 17% de la población > 65 años |
| 2050 |
| 30% de la población > 65 años
4 millones de personas > 80 años |
| Actualmente en Rubí |
| 10,9% de la población de Rubí > 70 años |
| El 20% vive sola
El 60% vive acompañada > 65 años |
El contacto social es fundamental para la salud.
Necesitamos relacionarnos con otros individuos, establecer vínculos y sentirnos acompañados. Y más aún las personas mayores, que en muchos casos precisan ayuda para actividades diarias como la alimentación o el aseo.
¿Cuáles son los riesgos del aislamiento social?
Las personas que carecen de relaciones sociales tienen tendencia a sufrir un mayor deterioro tanto cognitivo como en su salud.
La soledad se asocia a tasas superiores de depresión, ansiedad e incluso muertes prematuras. Otra consecuencia podría ser una mala nutrición, ya que, al carecer de compañía, no se presta tanta atención a la alimentación y no hay alicientes para cocinar.
Asimismo, aumenta el riesgo de sufrir demencia, enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares.
Por otro lado, si tenemos en cuenta que la condición física se ve limitada por el paso de los años, existe el problema de las caídas. Si le ocurre a una persona mayor que vive sola, las consecuencias pueden ser nefastas.

El estigma de las residencias de ancianos
Todavía existe hoy en día un cierto estigma social sobre las residencias para la tercera edad, que hace que se las vea como un sitio donde la familia “aparca” a los abuelos porque les resultan una carga.
Esta visión, aunque afortunadamente ha ido cambiando en los últimos años, provoca sentimientos negativos tanto en la persona que es ingresada, como en la familia. Unos porque pueden sentir que los abandonan, y otros, culpabilidad por no ser ellos los que se encarguen de su pariente.
Pero lo cierto es que esta decisión es la más acertada.
Las ventajas de vivir en una residencia
Cuando una persona se hace mayor, puede empezar a necesitar ayuda para tareas que con anterioridad realizaba sola sin ningún problema, como ir a la compra, cocinar, bañarse, etc. Y puede que sus familiares no estén disponibles todo el tiempo para atenderla.
Una residencia, no solo cubre las necesidades básicas de esa persona, sino que además está rodeada por todo un conjunto de profesionales que harán su vida mucho más cómoda, segura y amena.

- Atención médica continuada: la seguridad y la tranquilidad de saber que su salud está controlada en todo momento. El personal facultativo atiende las patologías y establece pautas para sus cuidados, así como el control de su medicación.
- Espacios adaptados: en caso de dificultades en la movilidad, se dispone de sitio suficiente para circular con la silla de ruedas. Rampas y ascensores permiten desplazarse y otorgan más libertad al usuario. Sin barreras arquitectónicas se gana en autonomía, lo que repercute de forma positiva en el estado de ánimo.
- Menús adecuados a las necesidades de cada persona: desayunos comidas y cenas, preparados teniendo en cuenta valores nutricionales y posibles alergias alimenticias. También se establecen unos horarios fijos, creando rutinas que benefician a los usuarios.
- Personal cualificado: cualquiera sin la preparación necesaria tiene riesgo de sufrir una lesión intentando mover o cargar a una persona mayor. En una residencia, estas tareas las realizan trabajadores con la formación necesaria.
- Envejecimiento activo y saludable: actividades para mantener las capacidades físicas y mentales, mejorando la autonomía.
- Programa de actividades lúdicas: bingo, cine, fiestas populares… Estar en una residencia no excluye la diversión.
- Higiene personal: se procura que la persona esté aseada y lleve ropa limpia.
- Socialización y compañía: como hemos visto, las relaciones sociales son un punto importante en el hecho de vivir en una residencia. Poder estar rodeados de amigos y gente con la que hablar y convivir es una ventaja significativa respecto a vivir solo en un domicilio particular. Esto no significa que no se pueda tener un espacio de privacidad, puesto que se respeta la intimidad de los residentes.
- Visitas de familiares y amigos: en estos momentos, debido a la pandemia, existen restricciones en este aspecto. Pero en circunstancias normales los usuarios pueden recibir visitas como si estuvieran en su domicilio, o salir cuando lo deseen.
Hay que tener también en cuenta que el ingreso en una residencia puede ser temporal. Se trata de una opción que está a disposición de las familias siempre que lo necesiten, durante el tiempo que quieran.

Busca un centro de confianza
Ante una decisión tan importante como esta, lo mejor es buscar una residencia que goce de nuestra confianza y nos aporte seguridad y tranquilidad.
En el Cel de Rubí, seguimos el modelo de atención centrada en la persona.
Nuestro objetivo es que los residentes se sientan como en su propio hogar, creando un ambiente cercano y familiar, a la vez que se cubren todas sus necesidades, ofreciendo cuidados a todos los niveles: físico, funcional, cognitivo, emocional y de ocio.
Fomentamos un envejecimiento activo y apostamos por la innovación, aprovechando las últimas tecnologías para mejorar día a día nuestra atención y servicios.
Fundada en 1991 en Rubí, en la actualidad la dirección está a cargo de las hijas de una de sus fundadoras, garantizando ese trato familiar.
Además de contar con una gran reputación entre los habitantes de la ciudad, la ubicación es excelente, al tener fácil acceso en transporte público y privado, y disponer de un espacio natural adyacente como es el parque de Ca n’Oriol.










